

La infancia y la economía social y solidaria
Tatiana Vanessa González Rivera*
Cada seis de enero, los hogares de México se llenan de roscas, risas y cartas cuidadosamente escritas para tres personajes especiales. El Día de Reyes es una tradición significativamente arraigada que despierta ilusión, especialmente en las infancias. Este año, sin embargo, la fecha tuvo para mí un significado distinto: fue el primer Día de Reyes que celebré con mis dos hijos, aún pequeños, de apenas un año.
Esa experiencia me llevó a mirar la celebración desde otro ángulo. Más allá de su valor cultural y afectivo, el Día de Reyes también es un momento de intenso consumo familiar. No se trata de cuestionar la alegría genuina que provoca en niñas y niños —ni mucho menos de opacar su ilusión—, sino de abrir una reflexión necesaria desde la academia: ¿qué modelos de desarrollo y de consumo estamos transmitiendo desde la infancia? De esa inquietud surge esta breve reflexión sobre las infancias y su papel en la construcción de economías más justas, solidarias y sostenibles, como la Economía Social y Solidaria.
Este tipo de economía coloca a las personas en el centro; por ello, la infancia no debe entenderse únicamente como beneficiaria de estos enfoques, sino como un actor que, con el tiempo, puede convertirse en protagonista y partícipe de estas prácticas transformadoras. Reconocer a niñas y niños como sujetos en formación, capaces de involucrarse, poco a poco, en dinámicas colectivas, abre la posibilidad de construir modelos económicos más justos desde edades tempranas.
En este sentido, diversas cooperativas, mediante sus respectivos fondos, han luchado por una educación basada en la cooperación y la ayuda mutua, con el objetivo de sembrar un “ADN solidario” en las futuras generaciones. Estas iniciativas buscan no solo fortalecer valores comunitarios, sino también dar continuidad a las actividades propias de las empresas sociales y solidarias.

Si retomamos la teoría de Karl Polanyi, quien en La gran transformación subrayó la necesidad de reinsertar la economía en las relaciones sociales, resulta evidente que las infancias pueden —y deben— involucrarse en los procesos económicos, pero desde alternativas que fomenten la organización colectiva, la solidaridad y el bien común, y no desde lógicas que las conciban como fuerza de trabajo dentro de un orden capitalista que tiende a cosificarlas.
En particular, ello nos invita a valorar las diversas posibilidades de promover proyectos cooperativos comunitarios, como iniciativas vecinales, así como de trasladar estas experiencias a los espacios educativos mediante propuestas pedagógicas y sociales. Tales iniciativas permiten que niñas y niños conozcan y vivan, de manera práctica, formas de actividad económica orientadas a las necesidades de su entorno, fortaleciendo su sentido de comunidad y su compromiso con modelos económicos más humanos y sostenibles.
En conclusión, desde los NODESS consideramos indispensable pensar a las niñas y los niños no solo como destinatarios del futuro, sino como protagonistas del presente. Reconocer su capacidad de participación puede ser un primer paso para practicar otras formas de relacionarnos con la economía y con la vida en común. En este sentido, las iniciativas que involucran a las infancias en la Economía Social y Solidaria adquieren un valor especial en tiempos tan adversos, al contribuir a la construcción de comunidades más justas, solidarias y sostenibles desde edades tempranas.
* Coordinadora del NODESS Morelos Solidario y Cooperativo.
Investigadora Asociada C de Tiempo Completo del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Nacional Autónoma de México (CRIM-UNAM). tatianag@crim.unam.mx


