Cuidado colectivo y solidaridad en el Día de Muertos I.

Daniel H. Lemus*

El cempasúchil y las mandarinas son símbolos para recordar a los que ya no están en las ofrendas del Día de Muertos en México. Sin embargo, la dinámica del precio de estos cultivos en Morelos muestra parte de los problemas que enfrenta la agricultura local; subrayando la importancia de generar acciones para honrar a muertos y vivos.

En la tradición prehispánica del altar u ofrenda, las civilizaciones indígenas creían que las almas necesitan ser cuidadas en su viaje al inframundo. Desde entonces, las ofrendas transforman el dolor de la pérdida en un ritual que convierten la ausencia en presencia, donde cada elemento tiene un propósito.

El precio del cempasúchil, utilizado para trazar los caminos que siguen los fieles difuntos, en Morelos pasó de $6,200 en 2019 a $6,866.67 en 2024, mientras en 2024 para Sinaloa fue de $12,000 y en Tlaxcala $11,979. Esto es ejemplo de cómo la desigualdad y el abandono en el estado impactan en la productividad.

Por su parte, la mandarina, como uno de los frutos de temporada que se coloca en la mesa para alimentar a quienes nos visitan del más allá, se mantiene entre $2,950 y $3,100 por tonelada de 2020 a 2024. Este aumento responde a la demanda estacional, dificultando la distribución y la existencia de precios justos.

Este desfase de precios representa un problema que afecta la rentabilidad de los productores locales. La importación de cempasúchil extranjero y la competencia china se convierte en un desafío para los agricultores morelenses, porque además se enfrentan a la crisis hídrica, la falta de infraestructura y la escasa inversión en tecnología agrícola.

Frente a este panorama, el emprendimiento ético emerge como una alternativa para transformar las condiciones de vida de los agricultores en Morelos, con modelos de intercambio basados en comercio justo y sostenibilidad.

En Morelos, municipios urbanizados como Cuernavaca, Jiutepec y Xochitepec cuentan con entre 1 y 3 Sociedades de Solidaridad Social. Imagen: Elaboración propia.

Una forma de fomentar este modelo es la creación de Sociedades de Solidaridad Social (SSS), que forman parte del sector social de la economía. Estas se constituyen especialmente por ejidatarios, campesinos y comuneros para gestionar colectivamente los recursos naturales mediante la industrialización y comercialización de productos y servicios.

De acuerdo con una solicitud de información realizada en la Plataforma Nacional de Transparencia, en México existen 19,810 SSS. Del total, en Morelos hay 323, de las cuales una se dedica a la floricultura y una a la fruticultura: el Vivero El Sol de Oriente en Jantetelco y el Grupo Los Ceresos en Tetela del Volcán, respectivamente.

En cuanto a la distribución nacional, Morelos se encuentra por debajo de Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Puebla, que en conjunto concentran 56% de las SSS existentes en México. En Morelos, Tlaquiltenango, Temoac y Tlaltizapán, tienen una participación mucho más activa en estos modelos de organización social con 60, 18 y 19 SSS respectivamente.

Estas organizaciones viven en las zonas que enfrentan mayores retos económicos y sociales, generan empleo promoviendo la agroecología y el cuidado colectivo en espacios de cooperación, además de ser espacios de apoyo mutuo que pueden abonar a la construcción de un Morelos solidario y cooperativo.

Hannah Arendt revela que la responsabilidad colectiva sirve para construir relaciones basadas en el reconocimiento de la vulnerabilidad. En el contexto de las SSS, este acompañamiento es un acto profundamente humano y útil para que en vez de extrañar a nuestros muertos, seamos conscientes de cuidar a nuestros vivos.

*Desastrólogo y periodista de oficio especializado en contar historias de resiliencia rural con mapas, datos y podcast. danielhernandez317@aragon.unam.mx

La Jornada Morelos