

Reconversión productiva y economía social ante el cierre de la planta de Nissan en Morelos
Daniel H Lemus*
En marzo de 2026, el estado de Morelos desaparecerá del mapa industrial automotriz de México debido al cierre de la planta Nissan CIVAC en el municipio de Jiutepec; generando incertidumbre, pero también la posibilidad de modelos alternativos de desarrollo e innovación que requieren organización y cooperación entre distintos actores.
De acuerdo con los Censos Económicos 2024 publicados por el INEGI, en CIVAC, la productividad por trabajador fue de $1.26 millones frente a los $5.9 millones del promedio nacional y la rentabilidad alcanzó el 22.5%, comparado con el promedio nacional del 53.7%.
Esto significa que la planta es cuatro veces menos productiva y dos veces menos rentable que otras del mismo giro en el país, reflejando una política industrial ineficaz; pues a diferencia de clústeres automotrices que cuentan con una red logística, personal especializado y estímulos fiscales; CIVAC no vio dichos beneficios en 59 años de operación.
De las 65 plantas que reporta el INEGI, el Estado de México cuenta con 10; Nuevo León con 9 y Ciudad de México con 7. Por su parte, Guanajuato y Querétaro mantienen 5 cada uno; mientras que San Luis Potosí alberga 3. Nissan trasladará la producción de Morelos hacia Aguascalientes, donde se concentran 6 fábricas automotrices.

En agosto de 2025 existen 17 entidades federativas con al menos una fábrica de automóviles y camiones, pero para marzo de 2026 serán 16. Imagen: Elaboración propia.
Según el Registro Administrativo de la Industria Automotriz del INEGI, Nissan destinó el 72% de la producción de autos en México a la exportación en los últimos 7 años y el 28% restante al mercado interno.
CIVAC desaparecerá junto con 2,400 empleos directos y cientos más indirectos vinculados a proveedores, dejando a la mayoría de la fuerza laboral sin alternativas reales de reubicación, ya que la planta automotriz más cercana también pertenece a Nissan y está en el municipio de Toluca, Estado de México, a más de 60 kilómetros al noroeste de Jiutepec.
Desde 1966, la planta operó en un ecosistema de proveeduría donde era el único cliente. La lógica de Nissan fue ensamblar barato en Morelos y vender caro fuera de México, pero cuando el negocio dejó de ser rentable y productivo, se optó por abandonarlo; abriendo la puerta a escenarios de desempleo y especulación inmobiliaria.
Tras anunciar el cierre de CIVAC el 29 de julio, la reacción de la gobernadora fue enviar una carta a Nissan, evidenciando la ausencia de una política de fomento industrial. Pero esta carencia es resultado de seis décadas en que se apostó por un crecimiento basado en inversión extranjera sin capacidades para facilitar la transferencia tecnológica local.
Morelos pierde su única planta automotriz y la consecuencia más grave sería la ausencia de respuestas preparadas ante una realidad que demanda repensar modelos de desarrollo local, como la reconversión productiva y la economía social y solidaria (ESS), ayudando en la conformación de cooperativas industriales.
La reconversión productiva implica cambiar prácticas obsoletas en modelos sostenibles y diversificados, aprovechando la infraestructura y fuerza laboral disponible en una región a través de actividades económicas con alto valor agregado.
Por su parte, la economía social y solidaria propone un modelo de organización de propiedad colectiva, producción cooperativa y autogestión que pone al ser humano y al territorio en el centro del desarrollo, sin rechazar la productividad ni la innovación.
Ambos conceptos convergen en una visión de desarrollo que supera el asistencialismo y resultan convenientes en contextos de dependencia hacia grandes corporativos. En nuestro país hay casos como TRADOC en Jalisco o la Cooperativa Pascual Boing en Ciudad de México, demostrando que los trabajadores pueden autogestionarse y organizarse.
Se necesita una política industrial construida desde la base social y la cooperación entre: sindicatos que impulsen la defensa de derechos, universidades que generen innovación y comunidades que defiendan su territorio; pues este es un camino que solo se abrirá si se tiene la convicción de construir un Morelos solidario y cooperativo.
*Desastrólogo especializado en inclusión financiera y resiliencia rural. Periodista de oficio especializado en contar historias con mapas, datos y podcast. danielhernandez317@aragon.unam.mx


