Desarrollo sostenible y su vínculo con la formación curricular en las Universidades en México

Marco Antonio Román Sotelo*

«El futuro dependerá de lo que hagamos en el presente.»

Mahatma Gandhi 1869-1948.

Los retos del desarrollo sostenible y la justicia social persisten con urgencia en los agendas nacionales e internacionales. Frente a este panorama, distintos actores —desde organismos multilaterales hasta la academia misma – como en este caso desde el NODESS que se adhiere a los objetivos de desarrollo sostenible, están llamados a cuestionar y superar el paradigma dominante, caracterizado por una visión instrumental, fragmentada y muchas veces tecnocrática del desarrollo. En el mismo tenor, importante resaltar que, en México, existen numerosas opciones de instituciones de educación superior, tanto públicas como privadas, que ofrecen una amplia gama de programas académicos y que pueden sumarse a esta importante labor de encaminarnos hacia ese desarrollo más sostenible.

Las instituciones de educación superior, lejos de ser ajenas a esta transformación de discutir, debatir y señalar para poder superar el modelo de producción dominante, deben ser reconocidas también como actores estratégicos en la construcción de alternativas. No sólo por su función tradicional de formación profesional o generación de conocimiento, sino por su potencial de convertirse en verdaderos laboratorios de pensamiento crítico y acción colectiva. En particular, el diseño curricular adquiere una relevancia fundamental: no puede limitarse a reproducir contenidos descontextualizados o competencias funcionales al mercado, sino que debe nutrirse de un compromiso ético, político y cognitivo con las realidades sociales y ecológicas del país.

Así, el quehacer universitario —en especial a través de una revisión crítica y propositiva de sus propuestas curriculares— tiene la posibilidad de contribuir activamente a procesos de transformación social, formando profesionales conscientes, comprometidos y capaces de incidir en la construcción de un futuro más justo y sostenible.

En este marco, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible —adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015— se ha consolidado como una hoja de ruta global que convoca a gobiernos, sociedad civil, sector privado y academia a asumir compromisos concretos frente a los grandes desafíos de nuestro tiempo. Conformada por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), 169 metas y una batería de indicadores, esta agenda reconoce de manera explícita la necesidad de transitar hacia un modelo de desarrollo que articule de manera equilibrada las dimensiones económica, social y ambiental.

Esta visión integral del desarrollo interpela directamente a las instituciones de educación superior que deben repensar sus funciones sustantivas (docencia, investigación y vinculación) desde una lógica transformadora. En sentido más estricto, el diseño curricular se presenta como una herramienta clave para alinear los procesos formativos con los principios y metas de los ODS.

La formación universitaria ya no puede quedar reducida a la transmisión de conocimientos técnicos o disciplinares aislados, sino que debe propiciar competencias críticas, interdisciplinares y ético-políticas que permitan a los futuros profesionistas comprender la complejidad de los problemas globales y actuar de manera responsable y comprometida en sus respectivos entornos.

Esto implica no sólo introducir contenidos vinculados con la sostenibilidad, la equidad o los derechos humanos en los planes de estudio y su diseño curricular, sino realizar una exhaustiva revisión de los enfoques pedagógicos, su quehacer diario para que los jóvenes tengan mayor injerencia en acciones comunes. No obstante, hay evidencia, y eso se puede abordar en las siguientes columnas, que a pesar del potencial transformador que encierra la Agenda 2030, en muchos casos su adopción dentro del ámbito universitario ha sido superficial o meramente simbólica.

Numerosas instituciones han incorporado los ODS en sus discursos institucionales, en sus planes estratégicos o en actividades de difusión, sin que ello se traduzca necesariamente en transformaciones reales en el diseño curricular, en las prácticas pedagógicas o en la vinculación con las comunidades.

*Maestro Marco Antonio Román Sotelo, colaborador del NODESS Morelos Solidario y Cooperativo. Correo: roman-marco@hotmail.com

La Jornada Morelos