

Morelos: tierra donde la memoria tiene voz
Raúl Cárdenas Sandoval*
El sentido comunitario de la vida es la expresión más entrañable del sentido común.
Eduardo Galeano
El estado de Morelos se reconoce por su diversidad cultural, su herencia indígena viva y una geografía social tejida por la tradición y la transformación constante. Desde los pueblos originarios hasta las expresiones artísticas contemporáneas, lo que vemos hoy es el fruto de una larga historia de luchas sociales, resistencia y creatividad colectiva.
Las primeras huellas de vida cultural en esta tierra se remontan a las pinturas rupestres en cerros y cuevas como las del cerro de Chalcatzingo, o a los petrograbados dispersos en la barranca de Amatzinac. Estas manifestaciones, hechas con pigmentos minerales, hablan del inicio de una cosmovisión que aún respira en la vida ceremonial de nuestras comunidades.
Con el tiempo llegaron civilizaciones que, atraídas por la fertilidad del valle y el carácter noble de su clima, decidieron habitarlo. De ellas tenemos testimonio en sitios como Gualupita, Nexpa, San Pablo, Xochicalco o Coatetelco, donde florecieron culturas que dejaron legado en piedra, maíz y danza. Después, durante la colonia, esa diversidad se transformó. La religión, el idioma, los saberes y las fiestas fueron trastocados, pero no borrados: de ese entrevero nacieron nuevas formas de ser comunidad.

Hoy, los pueblos náhuatl, tlahuica y mixtecos continúan latiendo en las lenguas, la música, las danzas, las milpas y las ferias que celebran el tiempo, la tierra y la vida. Y lo hacen en diálogo con las propuestas contemporáneas que florecen desde lo popular, lo urbano y lo independiente.
“La cultura comunitaria no se decreta, se construye colectivamente desde los pueblos, las colonias, las escuelas, los espacios independientes, los mercados, los barrios”, dice Gerardo Covarrubias, promotor y gestor cultural. En esa afirmación se reconoce un principio fundamental: lo comunitario no nace desde arriba, sino desde las prácticas cotidianas, los vínculos afectivos y la decisión colectiva de cuidar lo que se es y lo que se sueña. En Morelos, la cultura es vida compartida y territorio que se transforma.
En este sentido, el desarrollo cultural comunitario no se limita a la producción artística; implica también la participación activa en la toma de decisiones, el reconocimiento de los saberes propios y la apropiación del espacio público como territorio simbólico. Cada calle, cada kiosco, cada salón ejidal puede convertirse en escenario, en archivo, en trinchera de memoria. El territorio no es solo el espacio físico: es también el espacio de lo común.
Desde la Secretaría de Cultura de Morelos, se impulsan programas orientados a este horizonte. Destacan el PACMyC —un clásico en el acompañamiento de proyectos culturales comunitarios— y dos iniciativas recientes: Tlalli, Red de Espacios Culturales Independientes, que apoya la sostenibilidad de espacios autogestivos, e Identidades Morelos, que busca fortalecer las raíces culturales de los municipios mediante el rescate de saberes, la promoción del arte popular y el impulso a proyectos de memoria viva.
Por supuesto, los desafíos persisten. La desigualdad territorial, la migración, el desplazamiento cultural o la desconexión generacional siguen afectando el tejido comunitario. Pero también existen nuevas generaciones dispuestas a experimentar, dialogar y encontrar caminos desde el arte, el afecto y la memoria.
En el Gobierno del Estado de Morelos hemos apostado por una política cultural que nace desde los territorios y reconoce los derechos culturales como parte esencial de la vida en común. No se trata de adornar, sino de transformar. Porque aquí, la cultura no es un lujo ni un complemento: es la raíz que nos permite mirar con esperanza.
En Morelos, el desarrollo cultural comunitario no sólo preserva la memoria: reinventa el presente. Ante las crisis sociales, ecológicas y de sentido, los saberes y prácticas comunitarias ofrecen alternativas posibles. Apostar por ellas no es mirar al pasado con nostalgia, sino al porvenir con claridad.
*Director General de Desarrollo Cultural Comunitario

