

Comenzar por el principio
Miradas a la memoria
Te propongo, lector amigo, que hoy nos ocupemos de un tema capital para el asunto que nos interesa, es decir, a lo importante que resulta “empezar por el principio”.
Me refiero a uno de nuestros atributos esenciales, a nuestra capacidad de recordar, de traer al presente lo que hemos vivido, lo que hemos oído, lo que sabemos… para decirlo con claridad, hablo de la memoria.
Entremos en materia. Echemos un vistazo a unas cuantas de las innumerables reflexiones que nuestra capacidad de volver al pasado ha provocado.
“Gracias a la memoria los hombres contamos con eso que comúnmente llamamos experiencia”, esto es, la capacidad de acumular vivencias y conocimientos, según dijo Aristóteles (384-322 antes de Cristo), el filósofo griego, nacido en Estagiria, el primero que estudió las estructuras del pensamiento racional y aún en nuestros días uno de los cimientos más sólidos de nuestro pensamiento, de nuestra cultura.

“La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados” dijo, o más bien escribió, largo tiempo después, Jean Paul (1763-1825), un ensayista alemán que hizo siempre lo posible para tratar con humor los asuntos de los que se ocupaba. (Aunque, me parece, no todos aceptaremos, no todos estaremos de acuerdo en que la memoria sea siempre en verdad un paraíso. Creo que, más bien, a un lado de lo que nos gusta revivir, todos nosotros tenemos también recuerdos que nos lastiman y que preferiríamos dejar a un lado, dejar atrás.)
Por eso nos parece tan bien lo que hizo Miguel de Cervantes (1547-1616), el celebérrimo autor del Quijote y de muchas otras obras notables, cuando llamó a la memoria “enemiga mortal de mi descanso” La memoria muchas veces nos inquieta, y muchas otras nos alerta, nos anima a la acción, nos impide dejar pasar el tiempo sin actuar.
(Aprovecho para decirte que leer o volver a leer el Quijote es una de las más útiles y provechosas ocupaciones que podemos darnos. Si te parece difícil, inaccesible, si te impone más de la cuenta leer esta novela tal como es, puedes leer antes un modestísimo librito que escribí hace ya muchos años y que se titula El Quijote para jóvenes. Está publicado por Loqueleo y se encuentra a tu alcance también en línea. Si lo lees, te lo advierto, de acuerdo con lo que he visto, irás después a leer el Quijote completo, pero de eso, te lo aseguro, jamás te arrepentirás.)
Una verdadera obviedad es decir que todos tenemos muy buena memoria para recordar lo que nos interesa, y una enorme capacidad de olvido para lo que no nos importa, nos amenaza o nos molesta. Pero otro filósofo alemán, como Jules, y su contemporáneo, pero mucho más conocido, Arthur Schopenhauer (1788-1860), tuvo la debilidad o el atrevimiento de ponerlo por escrito, y sus palabras se repiten con frecuencia.
Genial, en cambio, me parece una observación que en seguida cito del escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986): “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.”
Repítela en voz alta y siente el peso de estas palabras: somos, todos, cada uno de nosotros, un montón de espejos rotos, un quimérico museo de formas inconstantes… Éstas son palabras para ser memorizadas y muchas veces repetidas. Bien las aprovechó para titular con ellas su más reciente libro (Ese montón de espejos rotos, TusQuets, 2025) el escritor Gonzalo Celorio, quien el año pasado fue nombrado Premio Cervantes en España, y además fue reconocido como bibliófilo del año en la Feria Internacional del Libro, la FIL, de Guadalajara.
La memoria y el olvido son asuntos serios. Pero siempre hay manera de dar un tratamiento humorístico a los asuntos serios. Vean si no, la siguiente greguería del escritor español Ramón Gómez de la Serna (1891-1963): “Tenía tan mala memoria que se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo.”
Las greguerías son un género genial, exclusivo de Gómez de la Serna. Son narraciones o reflexiones o divagaciones humorísticas muy breves y siempre sorprendentes. Aforismos o minificciones deslumbrantes.
Un siglo antes Robert Louis Stevenson (1850-1894), el enorme cuentista, poeta, ensayista, novelista británico, autor de La isla del tesoro, había escrito: “Mi memoria es magnífica para olvidar.”
La memoria, pues, resulta ser una capacidad muchas veces débil, pobre, insuficiente para combatir al olvido. ¿Cómo vencer, pues a ese enemigo nuestro?
“La tinta más débil, más tenue, más desvaída, vale más que la mejor memoria” ha venido diciendo, desde siglos atrás, un proverbio chino. La respuesta está en la escritura.
De eso comenzaremos a ocuparnos más tarde, la semana próxima.

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Foto: entreperiodistas.com

