Breves consideraciones sobre la inasible identidad nacional desde las falacias patrióticas.

“Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída” estableció, desde Chilpancingo, el vallisoletano insurgente José María Teclo Morelos y Pavón en sus Sentimientos de la Nación ‒14 de septiembre de 1813‒.

La Suave Patria lopezvelardiana, poética y romántica, antitética aproximación a la obcecada y crudelísima realidad, constituye la idílica visión de un patriotismo que ha transformado su íntima esencia bajo el influjo de la más anímica ignorancia. El “idiota” no es un tonto: es el individuo ajeno a la res publica, a la “cosa pública”, todo aquello que atañe a los integrantes de una sociedad. Así, la idiotez es parte de la septembrina conmemoración patria mexicana.

La madrugada del 16 de septiembre de 1812 el tlalpujahuense Ignacio López Rayón Aguado y el emeritense Andrés Eligio Quintana Roo encabezaron el primer acto conmemorativo del inicio del movimiento por la “Independencia de la América Septentrional”. Tras pasar revista a las tropas rebeldes, López Rayón habría recreado el “Grito de Independencia” que Miguel Antonio Gregorio Ignacio Hidalgo Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor diera en 1810.

El sentido patriotismo devino falsa identidad. Septiembre exhibe y oculta, a la vez, parte de la saga de engaños y traumas nacionales que presumimos como nacionalismo. Los liberales decimonónicos ‒políticos, clérigos, militares, empresarios e intelectuales‒ lograron imponer una idea de nación integradora que ignoró la diversidad de las regiones de tan complejo territorio. La “identidad nacional” es el constructo para sentirnos iguales no siéndolo.

En el siglo XIX la incruenta lucha por la historia del germen de la patria mexicana se centró en conmemorar el 16 de septiembre de 1810 o el 27 de septiembre de 1821: para algunos era más importante el inicio y para otros lo era la consumación. Lo cierto es que el origen fue un completo caos y la consumación fue un evidente retroceso. El iniciador careció de un proyecto claro para la independencia y el consumador traicionó los principios de la lucha.

Hoy conmemorar la gesta libertaria incluye honrar a heroicos infantes que no fueron héroes ni fueron niños; implica usar bigotes y sombreros zapatistas y lanzar olotes al gubernamental balcón; obliga a embrutecerse con incontables bebidas alcohólicas, quemar cohetería china y lanzar disparos al aire con armas ilegales; implica que los invitados especiales vean, desde la altura del poder, al pueblo desbordado en ese etéreo momento de supina ignorancia patria.

Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época; Ernesto Lemoine Villicaña; primera edición; Universidad Nacional Autónoma de México; México; 1965; 718 pp.

Imagen: Desfile en honor a José María Morelos y Pavón (fragmento);

Cuautla, Morelos; 1931; Archivo Jesús Zavaleta Castro.

Jesús Zavaleta Castro