La turismización morelense: debilidades y deficiencias de la infraestructura y los servicios.

 

“La afluencia diaria de viajeros para deleitarse […] con el clima primaveral de Cuernavaca, de sus panoramas, de sus históricos monumentos, del confort de sus mansiones señoriales, la elegancia de sus hoteles y ‘savoir faire’ de sus habitantes”, es parte de la realidad que los visitantes pueden disfrutar la de capital morelense, escribió ‒1937‒ el ingeniero agrónomo, inventor e historiador Felipe Ruiz de Velasco y Leyva en su insustituible obra.

Sin embargo, la realidad cotidiana del siglo XXI con respecto al turismo dista mucho de aquellas idílicas descripciones de los viajeros de los siglos XIX y XX que recorrieron el territorio del actual estado de Morelos: infraestructura turística deficiente o inexistente; alimentos y servicios de cuestionable calidad; pésimo e insuficiente transporte público; personal, público y privado, mal capacitado para la atención turística; etcétera.

Por ejemplo, la oferta en los restaurantes morelenses es monótona y poco diversa y, cuando pretenden innovar, el resultado suele ser un despropósito; festivales de vino o ronqueos de atún con expertos más que inexpertos; cubertería, loza, cristalería y mantelería en mal estado o mal aseadas; reducida oferta en bebidas; precios desproporcionados a la calidad de los alimentos. Pocos son los establecimientos de comida que garantizan calidad en su oferta.

Los “Pueblos Mágicos” constituyen un completo sinsentido: el ruido y la embriaguez excesivos son su cotidianidad. Si en la década de 1930 Mapa. Revista de turismo criticaba “la tijuanización de Cuernavaca” por la invasión de casonas “estilo Tijuana”, que eran a su vez una mala imitación de las casonas “estilo California”, en los mágicos pueblos morelenses se vive una pretensión imitativa de las colonias Roma o Condesa de la Ciudad de México.

Hoy Morelos tiene una incontrolada oferta de festivales o concurso de cocinas tradicionales: un auge sin precedente. Sin embargo, la gran mayoría, o todos, constituyen un despropósito, toda vez que en poco o nada contribuyen a la salvaguardia de las expresiones culinarias morelenses: recetas mal realizadas o modernizadas; nuevas recetas que no representan la tradición de las regiones; “cocineras tradicionales” que son aprendices; etcétera.

Si, como muchos pretendemos, que el turismo sea uno de los ejes de desarrollo económico en la entidad, es necesario considerar experiencias exitosas nacionales y extranjeras. Aún más: los organismos consultivos turísticos deben ser integrados no sólo por personas del gremio, sino por conocedores de otras áreas del conocimiento. Es indispensable un diagnóstico crítico de la actividad turística desde las identidades y el patrimonio cultural.

Historia y evoluciones del cultivo de la caña y de la industria azucarera en México hasta el año de 1910; Felipe Ruiz de Velasco; primera edición; Editorial Cvltvra; México; 1937; 546 pp.

Imagen: Restaurante del Hotel Borda (fragmento);

Cuernavaca, Morelos; ca. 1940. Archivo Jesús Zavaleta Castro.

Jesús Zavaleta Castro