Ahora que Germán, entrañable biólogo y amigo, ya no está, recuerdo con nostalgia nuestras largas conversaciones sobre los temas que tanto le gustaban. Lo mismo hablábamos de las desventuras del Capitán Scott y del Dr. Livingston, que del origen del hombre. Por esos recuerdos y otros pretextos, leí con interés el número del 30 de mayo de 2024 de la revista Science. En él aparece un artículo, acompañado de un video, que celebra los cincuenta años del descubrimiento de Lucy, quizá el fósil más famoso de todos los tiempos.

Una fotografía en el artículo llamó especialmente mi atención: muestra un paisaje pedregoso, ocre, con pequeñas colinas desprovistas de vida aparente. En el fondo, se observa una pequeña montaña de caliza desgastada por el viento. Sus franjas oscuras revelan un pasado geológico milenario. Sobre una ladera, un hombre solitario, delgado, descalzo y casi desnudo, está sentado en el suelo. La luz intensa sugiere un sol abrasador, y el hombre lleva solo una gorra blanca para protegerse. A su alrededor, diversos objetos de colores delimitan el área donde trabaja. Es Donald Johanson, paleontólogo y antropólogo, en busca de fragmentos de huesos antiguos en esa inmensidad de piedras y polvo. La fotografía, tomada pocos días después de que descubriera los primeros restos fósiles de Lucy, el 30 de noviembre de 1974, señala el inmenso viaje de la humanidad: un homínido buscando otro homínido, sus orígenes.

Aquella tarde, Johanson y sus colegas celebraron, bailaron y bebieron cerveza en el campamento. Por la mañana, Johanson había decidido cambiar sus planes: en lugar de dedicarse a organizar su interesante pero tedioso material paleontológico, optó por salir a explorar junto con Tom Gray, un estudiante de su equipo. Al mediodía, mientras examinaban la grava deslavada de lo que alguna vez fue un río en Hadar, Etiopía, Johanson descubrió pequeños fragmentos de un hueso que parecía formar parte de un brazo. Su ojo experto reconoció al instante que se trataba de algo inusual. Días después, el equipo entero se volcó a explorar el área del hallazgo inicial. Encontraron 56 fragmentos –del cráneo, costillas, fémur, brazos y algunas falanges– que correspondían a un homínido. En el campamento, mientras festejaban, escuchaban “Lucy in the Sky with Diamonds”, y de ahí surgió el nombre de quien resultó ser una australopitecina ancestral, clasificada científicamente como Australopithecus afarensis. Este homínido vivió hace 3.2 millones de años.

Aunque incompleto, el esqueleto de Lucy dejó pocas dudas: pertenecía a una hembra, identificado por la forma de los huesos pélvicos. Caminaba erguida, como lo sugiere la posición del foramen magnum, el orificio en el cráneo que conecta el cerebro con la médula espinal. Lucy se movía con facilidad entre la sabana y el bosque, alcanzaba una estatura de 1.10 metros y tenía un cráneo pequeño en comparación con fósiles posteriores, como el Australopithecus africanus, representado por el famoso Niño de Taung descubierto por Raymond Dart en 1924, también en África.

Hoy, los paleoantropólogos debaten si Lucy es realmente el antecesor más antiguo del hombre. Desde su descubrimiento, se han hallado fósiles de homínidos aún más antiguos. Por ejemplo, el Sahelanthropus tchadensis, catalogado como el primer homínido conocido, con una antigüedad aproximada de 6 millones de años, cercana a la separación de la línea evolutiva de los chimpancés y gorilas. Otros, más cercanos, incluyen al Homo habilis y Homo erectus –este último, probablemente el primero en salir de África–, cuyos registros se remontan a hace dos millones de años.

Aunque para algunos expertos Lucy es la única evidencia de un antecesor remoto del hombre, no estaba sola. Las diferencias en la profundidad y morfología de huellas de pisadas de homínidos de hace 2 y 4 millones de años en diversos sitios de África, sugieren que pertenecieron a distintas especies de homínidos que vivieron simultáneamente en un mismo espacio geográfico. La historia evolutiva del Homo sapiens, hoy la especie de homínidos dominante en el planeta no puede entenderse como una línea recta a partir de Lucy u otra especie ancestral. Más bien, es una historia con múltiples ramas de un árbol mucho más amplio de lo que imaginamos. Algo, que sin duda me gustaría platicar con Germán.

Germán Rubén Aguilar Gutiérrez, hombre de su tiempo, biólogo y conversador. Se unió a la materia universal este 2024.

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Víctor Manuel González