


Diciembre es un mes de profundo fervor religioso, de movilización y de gran impacto social. El estandarte guadalupano de Miguel Hidalgo es reconocido como la primera bandera nacional, ícono del movimiento insurgente y como uno de los primeros elementos que fraguaron la identidad nacional bajo los auspicios de una jerarquía religiosa que confundía su misión evangélica con los privilegios de la sumisión y la servidumbre de un pueblo que a para finales del siglo XVIII confundía la imposición con el ejercicio de su libertad.
En este contexto, el pasaje del Grito de Dolores ha sido grabado en el imaginario nacional, a sangre y fuego, desde las aulas de preescolar hasta el nivel medio superior se ha forjado en la mente de millones de mexicanos como parte de la identidad nacional, muy a pesar de la tranquilidad de algunos historiadores y de los guardianes de la separación entre la Iglesia y el Estado. Desde el texto clásico de Concepción Ochoa de Castro, la figura de la madre de la patria se perfila como uno de los pilares de la actividad política que, en su rebeldía, buscaba libertad arropado por el pueblo que ya se asumía como católico. Al paso de los años, la narración de doña Concepción es parte del imaginario que el oficialismo mexicano ha sabido promover “…de la sacristía del Santuario de Atotonilco, tomó el Sr. Cura Hidalgo una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, y colocándola en un lienzo blanco, la hizo fijar en una lanza; ¡este fue desde ese momento el estandarte que usaron los Insurgentes!”.
A pesar de esto, las precisiones de Jacinto Barrera Bassols en su “Pesquisa sobre un estandarte. Historia de una pieza de museo» (2010) nos permiten matizar la elección y la función del estandarte que pasó de la contingencia del momento a la necesidad del referente religioso y político. La mediateca del INAH resguarda la imagen del “Estandarte de la Virgen de Guadalupe y ha sido puesto a la disposición de la consulta abierta bajo la siguiente descripción: “Elaborado en tela de algodón. Muestra en campo la imagen de la Virgen de Guadalupe, pintada al óleo, se observan dos escudos coronados en ambos lados flanqueando a la virgen. Uno muestra el escudo de armas español, con elementos de León y Castilla. En el segundo muestra en primer plano a dos santos, San Pedro y San Pablo, en segundo plano una iglesia y tres montículos. Debajo de estos la siguiente inscripción y monograma de la virgen guadalupano cuyo significado es el siguiente: «Viva María Santísima de Guadalupe». Se observan dos ramos de flores que flanquean al querubín que se encuentra a los pies de la virgen. Pieza restaurada que cuenta con soporte de lino y una maya de seda que cubre la pintura. La parte superior del estandarte cuenta con una jareta donde entraba la vara y dos listones en cada extremo que la sujetaban.”
La estrategia de la imagen ha sido utilizada en nuestro territorio desde la aparición del Nican Mopohua y la fijación de la leyenda de las cuatro apariciones a Cuauhtlahtoa. Más allá de la disputa entre aparicionistas y no aparicionistas, el poder de la imagen se manifiesta de manera contundente y desafiante de la geometría del circo de la política nacional: izquierda, derecha y centro se reconocen bajo el signo de la señora del Tepeyac. Así, el uso magistral del arquetipo guadalupano sigue movilizando a millones de mexicanos que siguen una ruta que, de acuerdo con Leonardo López Luján y Xavier Noguez, siguen una ruta que ya se practicaba antes de la llegada de los españoles, hecho que está consignado en el Códice Teotenantzin. En este sentido, el texto de Concepción Ochoa de Castro, desde hace más de un siglo, había reconocido de manera precisa lo siguiente: “…bien sabido es la grandísima influencia que esta sagrada imagen tiene en general, y en la época que me refiero, de una manera más poderosa.”
Por si fuera poco, la icónica figura es todo un éxito comercial y de afluencia que se supera año con año. Para contento de las autoridades civiles y religiosas, este año los preparativos se han montado con la verde esperanza de una derrama estimada en más de 38,000 millones de pesos para la economía de la CDMX, la alcaldía Gustavo A. Madero y, particularmente, con ganancias altísimas para la Iglesia Católica en el así llamado santuario guadalupano. En una celebración que para la CONCANACO es también “motor económico” que llena las arcas de los grandes potentados.
Imagen sugerida: Estandarte de la virgen de Guadalupe, Mediateca INAH.

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Nahuatlato, Profesor de Tiempo Completo en el Colegio de Morelos. ↑

