Escenografía de guerra

Sebastián Eduardo Pineda Ramírez*

Tras su estreno en plataformas, Warfare volvió a la conversación. Reseñas en redes la describían como una de las mejores películas bélicas en años: diferente, cruda y crítica, que había representado la guerra como lo que es: absurda y sin héroes. Con tanta promesa, me animé a verla. La premisa es simple: un comando de Navy SEALs debe eliminar a un objetivo en Irak: llegan de noche, irrumpen en una casa y despiertan a la familia; les dicen que todo estará bien y los encierran en una habitación trasera. Luego, todo sale mal. El escuadrón es emboscado por los yihadistas y pronto se vuelve en una pesadilla de fuego cruzado. Quise entender el contexto e investigué un poco. La cinta se ubica el 19 de noviembre, durante batalla de Ramadi en 2006. Según un reporte de la ONU, solo ese mes murieron más de 3,000 civiles. El documento que encontré advierte que las operaciones estadounidenses restringieron los derechos humanos a la población local: hospitales y escuelas usadas como bases militares, francotiradores que mataron civiles, y acceso nulo a servicios básicos. Pese a tan importante antecedente, noto que la película posa su mirada sobre los soldados e ignora a los civiles. Trato de convencerme de que exagero: es una recreación de la memoria de los SEALs, tiene sentido, ¿no? Sin embargo, creo que, al final, la película no solo representa una perspectiva, sino una decisión narrativa. Mientras Israel comete crímenes de guerra, refugiados bajo el silencio cómplice de las potencias de Occidente –y de quienes temen incomodarlas–, y Trump propone construir resorts sobre las ruinas de Gaza, Warfare se estrenó con aplausos. Una película peligrosa que trata de adueñarse del discurso antibélico: presentando al invasor como víctima y a los invadidos como daños colaterales sin importancia. La película que pretendió ser crítica termina normalizando la mirada colonial que deshumaniza a los pueblos no occidentales y permite que atrocidades como un genocidio pasen desapercibidas. Es evidencia de cómo el “primer mundo” sigue reflexionando las guerras que provoca, incapaz de mirar a quienes no encajan en su relato heroico. Al final, cuando los soldados huyen sin mirar atrás, una mujer iraquí les pregunta, en súplica: “¿Por qué?”. Por un instante creí que se mostraría el costo real de la batalla: una familia arruinada y un hogar en ruinas. Pero entonces llegaron los créditos, con imágenes de los veteranos desfilando sonrientes en el set, una dedicatoria a un SEAL herido y un agradecimiento al equipo de rescate. Y luego, casi como ocurrencia tardía, una posible foto de la familia iraquí, sin contexto y con los rostros borrosos, anónimos, como los muertos que hoy abundan en las guerras patrocinadas por los llamados países civilizados.

*Laboratorio Contra/Narrativas (CIIHu-UAEM)

Fotograma de Warfare (2025), de Ray Mendoza y Alex Garland. Cortesía del autor

La Jornada Morelos