

Ver el mundo solo a través de un lente ideológico y no cuestionarlo “todo es racismo estructural”, “todo es colonialismo”, o “todo es conspiración capitalista”, no ayuda a entender la realidad ni a combatir las injusticias; al contrario, confunde actores distintos y convierte problemas concretos de poder y de gobierno en narrativas casi religiosas de culpa y pureza.
Ver el mundo en lentes lleva a interpretar cualquier desigualdad como prueba automática de esa teoría, en lugar de preguntar qué factores históricos, culturales, institucionales y personales están en juego. Esto se ve cuando se habla de los judíos occidentales como “blancos privilegiados” que “controlan” la riqueza, ignorando que la mayor parte de la historia judía en Europa y Medio Oriente está marcada por persecución, expulsiones y exclusión del poder.
Reducir a los judíos a “blancos ricos” es una actualización de viejos mitos antisemitas: transforma casos reales de éxito económico en prueba de una conspiración, en lugar de entender cómo redes comunitarias, énfasis en educación y solidaridad interna pueden producir movilidad social aun en contextos hostiles. Esa mirada de lente único borra también a los judíos que no son blancos, como los judíos de origen árabe, africano o persa, que rompen el esquema racial simplista de “blancos vs. no blancos”.
Algo similar pasa con el lente “todo es colonialismo”: cuando se insiste en que Israel es solo un “Estado colonial blanco” se importan esquemas diseñados para explicar imperios europeos en África o América, y se borran elementos fundamentales como el carácter nacional judío, el retorno a una región de presencia histórica y las guerras civiles y regionales previas y posteriores a 1948. Esta narrativa, al negar el derecho de autodeterminación judía de raíz, conecta fácilmente con discursos que presentan a Israel o “los judíos” como un poder ilegítimo y extranjero que debe desaparecer
Criticar al gobierno israelí , su racismo hacia árabes, su expansión de asentamientos o el uso desproporcionado de la fuerza en Gaza es no solo legítimo sino necesario, el problema es cuando la crítica se desplaza de políticas concretas a la existencia misma del Estado o a la figura abstracta de “los judíos” como enemigos del mundo. Ese salto ideológico vuelve imposible reconocer que dentro de Israel coexisten realidades contradictorias: un país con servicios públicos sólidos, sectores liberales fuertes y minorías árabes que expresan altos niveles de satisfacción con su vida allí, pero también un régimen militar opresivo sobre palestinos sin ciudadanía en territorios ocupados
Cuando el único lente es el colonialismo, se tiende a concluir que la riqueza actual de cualquier país “desarrollado” prueba un robo estructural permanente, y que la pobreza de otros demuestra su condición eterna de víctimas. Esto ignora que la calidad del gobierno, las instituciones y las decisiones políticas actuales importan enormemente para explicar por qué unos países despegan y otros se estancan.

Singapur es un ejemplo claro: surgió de un contexto colonial y de vulnerabilidad, pero se convirtió en una economía altamente rica e integrada gracias a una combinación de instituciones relativamente eficaces, estabilidad política y fuerte inversión en educación e infraestructura, no solo por una herencia colonial “ventajosa”. España, en cambio, fue potencia imperial y colonizó gran parte de América, pero hoy comparte problemas estructurales de desempleo, desigualdad y crisis recurrentes que la colocan, en varios indicadores, apenas por encima o incluso comparable a países como México en ciertos aspectos sociales y económicos, el pasado colonial no determina el destino de una nación
Ni ningún lente es completamente adecuado para situaciones en las que no fue creado.
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