

Omar Alcántara Islas
Para Behrang K.
Esta columna quiere hacerse eco de un par de propuestas ciudadanas. La primera es la legalización de la psilocybe mexicana, sustancia activa, terapéutica y alucinógena, que se encuentra en la variedad de hongos que en náhuatl se conocen como teonánacatl («carne de los dioses») y en mazateco como nti-si-tho, «niños santos»; o «niñitos», como los llaman cariñosante las abuelas que participan en los ritos de curación en la Sierra Mazateca desde hace siglos. Entre estas, es María Sabina la más conocida, a partir del reportaje en la revista Life en el año 1957. La segunda invitación es una iniciativa para recordar bailar cada día, a las 5 de la tarde, durante un minuto, hasta que se alcance la paz en Palestina (y en el mundo).
En días recientes, Sabina Berman, dramaturga y conductora del programa de televisión Largo aliento, producido por canal Once, tuvo como invitada a la exsenadora Alejandra Lagunes, quien habría dado, mediante un proyecto de ley, los primeros pasos hacia la despenalización del uso de los nombrados hongos mexicanos. Lamentablemente, el proyecto está en espera de un nuevo impulso para quien quiera retomar la iniciativa en el Senado, pues el período de Lagunes concluyó el año anterior.
Más allá de las simpatías o diferencias hacia la entrevistadora Berman, el hecho de dar espacio a este tipo de temas y ponerlos en la discusión pública es meritorio. Porque se trata de temas de salud pública, pero también de leyes que atañen a la libre expresión de los pueblos originarios de México y cuyos alcances redundarían en la mejora de mexicanas y mexicanos, así como en la integración de conocimientos ancestrales a los modernos, en un país que sigue luchando contra los daños que trajo en muchas áreas de la vida la colonización europea, a lo que hay que sumar el tutelaje estadounidense en política de drogas.
Lograr una ley que despenalice el uso de hongos y plantas que han sido durante siglos parte de la vida y la identidad de los pueblos indígenas requiere, en un primer momento, librar una batalla contra la ignorancia y los prejuicios de una buena parte de la sociedad que no solo desconoce sus posibilidades medicinales, ya probadas científicamente, tal como menciona Lagunes; sino que tampoco es sensible a la seguridad y beneficio, incluso económico, que tendrían los herederos de este saber. Es absurdo que cualquier mexicano, o mexicana, vaya a dar a la cárcel, como ocurrió a un conocido durante un año, por ejercer estas prácticas. La legalización sería un alivio, en muchos sentidos, para comunidades enteras en Oaxaca, Estado de México o Morelos, por mencionar solo a tres estados donde se dan las condiciones naturales para el teonánacatl.

La crisis de salud pública relacionada con padecimientos mentales, o anímicos, tendría un contrapeso a los fuertes y adictivos medicamentos que usa hoy en día la medicina alópata para intentar curar, con resultados más bien pobres –sin menospreciar muchas experiencias positivas–, los diversos padecimientos del ser humano moderno. La propuesta de Lagunes es integrar, en una especie de consultorio híbrido, a un especialista del saber empírico con alguien que lo sea del científico, para dar una atención integral a los pacientes mediante el uso de la psilocybe mexicana, entre otros remedios, a la vez que se realiza investigación avanzada en el área. Ojalá que, de una vez por todas, podamos poner como prioridad nuestra salud en este país y el bienestar de nuestros pueblos originarios.
Por otra parte, «bailar por la paz» es un proyecto que invita a cada persona a dedicar un minuto del día a las 5 de la tarde –la más poética de todas las horas, tal como lo demostró Federico García Lorca–, para que por espacio de un minuto nos movamos a nuestro ritmo, con nuestra música preferida, a manera de toma de conciencia, mediante una actividad que conecta no solo con el propio cuerpo sino con la comunidad humana en una época que requiere acciones solidarias. En Instagram existe la página «dancepeace17» y con el hashtag #dancetillpeace17 se pueden compartir videos y pensamientos sobre este tema.
*Doctor en letras

