Omar Alcántara Islas*

Últimamente, por azares del algoritmo, he visto en muchas partes artículos o videos que tratan de determinar qué parte de nuestra población es clase media. En mi opinión, si tienes tiempo para leer este artículo, entonces eres clase media –por supuesto, no se trata de una ley–, porque teniendo la capacidad de leer, lo haces, además de que puedes tomarte un momento del día para recorrer el panorama introspectivo que constituye el interior de cada persona (en este caso el tuyo) y que se autodescubre por medio de la lectura, ya que leer es lo más cercano que vamos a estar nunca de una civilización que es consciente de sus alcances y limitaciones.

Una civilización es, principalmente, palabra, palabra que crea: mundos, historias y sentidos. El Dios del Antiguo Testamento crea por medio de la palabra y en el Evangelio se nos expresa que todo comenzó con el logos (espíritu, palabra, mente). A quienes no nos asumimos como miembros de alguna congregación religiosa, nos sorprende sobremanera que en vez de tener una vocación de respeto e interés hacia la palabra escrita y la lectura, no se lea más en un país que se asume en su mayoría, al menos estadísticamente, como heredero de la religión del Libro. Por el contrario, es común encontrar, aún en nuestros días, un arraigado anti-intelectualismo (o anti-logos) en las más diversas clases sociales.

En la lectura, cada palabra es una semilla que brota en nuestro interior para transformar las negras grafías del logos en vida, pues se trata de «palabras que son flores que son frutos que son actos» (Octavio Paz). Y esto no siempre depende del nivel socioeconómico, porque puedes sentirte favorecido, si sobreviviendo con el salario mínimo o siendo un privilegiado en cuestiones económicas, han llegado a tu vida los libros.

Luego, perteneces a la sociedad mexicana que piensa e intenta tomar conciencia de que merecemos el mejor de los mundos, para estar a la altura de los que nos antecedieron, por los que estamos vivos ahora, pero también por los que vendrán. ¿Qué tal que hablamos de clase media en términos culturales y no económicos? En esto, la capacidad de leer establece una diferencia entre ser parte de la inercia de una cultura –como si se dijera «ser inerte»– o participar en esta.

Leer, aunque suene cursi, es equivalente a la transformación de la oruga en mariposa, leer nos hace descubrir nuestra propia belleza y nos proporciona unas alas enormes para zurcar con estas todos los tiempos de todos los mundos posibles. En una era de individualismo extremo, leer sigue siendo un acto de rebeldía, porque es siempre salir de uno mismo y entrar en comunión con otra persona.

Si tuviste los medios y la gran oportunidad de convertirte en lector y no lo eres, a tus riquezas, por más que te sientas clase media (o alta), no puedes añadir, como se anotaba antes, el ser partícipe íntimo y transformador de la cultura en la que vives; pero si no tuviste los medios ni la orientación y estás formándote como lector, tienes la oportunidad de ingresar con valentía a otra dimensión existencial.

Y aunque para las estadísticas tradicionales no seamos parte de la clase media, siempre podemos desarrollar mejor nuestra conciencia en beneficio de nuestra sociedad y leer es una herramienta eficaz. Es necesario, también, seguir implementando políticas culturales serias, a largo plazo, para llevar el libro, sobre todo aquellos sancionados por la sabiduría del tiempo, a todas las casas del país. Finalmente, vale recordar que el arte de la palabra se llama literatura, porque esta, por medio de las palabras, nos lleva más allá de las palabras; es tan extraordinaria que, incluso en las traducciones, nos hace soñar en otros mundos como si fueran propios.

*Doctor en letras

La Jornada Morelos