Timing

La publicación del libro del Gerry se había vuelto, al paso de los años, una pregunta con una paleta de acentos que contemplaban interés, curiosidad, escepticismo, intriga, humor, crítica y, en ocasiones, ironía matizada con alguno de los tonos anteriores. La responsabilidad era enteramente suya por haberse encargado de dispersar la noticia según la cual se encontraba escribiendo un libro, sin precisar nada en torno al tema, número de páginas y tampoco si se trataba realmente de un libro de su autoría o bien de una antología; la forma comodísima de publicar sin tener que escribir una sola palabra. A las preguntas que le hacían sus colegas o amigos, él solía contestar que ‘seguía en eso’; los aludidos se daban a continuación por enterados y satisfechos pese a tan escueta información. Unos meses atrás, Gerry había recibido una llamada providencial de un amigo suyo. “¿No tienes un libro para que te lo publique?” El hombre se rascó el cráneo, la panza y luego ambas manos antes de contestar afirmativamente. Lo platicado en la llamada se volvió proyecto y poco después se conformó en un libro, una portada sobre la cual no vale mucho la pena extenderse, acompañado por una fecha oficial de presentación. Gerry convocó a todos y cada uno de los amigos que le habían estado preguntando acerca de su famoso libro. Al no conocer el título, ellos nunca sospecharon que ni siquiera se trataba del mismo proyecto. Gerry lo supuso también, pero al fin y al cabo qué importancia tenía. El hecho ineludible es que un nuevo libro suyo había salido de la imprenta con olor a papel, tinta y expectativas de darlo a conocer al mundo. Unos días posteriores, después de haber enviado invitaciones a diestra y siniestra para la fecha editorial de presentación ante el público, Gerry notó cierta reserva manifiesta entre su círculo de amistades. No se trataba propiamente dicho de un rechazo directo, sino más bien de evasivas. “Fíjate que no estoy seguro de poder acompañarte porque ese día tengo algo importante ya planeado.” Esos porqués apuntaban todos a pretextos incómodos de confesar. El desconcierto permaneció hasta recibir una llamada de su ahora editor. “Tengo algo que decirte… No sé si es bueno o malo”. Gerry levantó una ceja y luego la otra, indicando desorientación. “Fíjate que Shakira va a cantar en el Zócalo”. “Bueno —le contestó Gerry —yo no pienso ir a su concierto porque ya estuve en el que dio hace veinte años y la verdad, fue suficiente para mí”. Fui interrumpido en mis recuerdos. “De todas formas, no podrías ir. La fecha coincide con la presentación de tu libro. Recordarás que nosotros estaremos instalados justo a un lado”. “¿La podemos invitar entonces?”, interrogó Gerry, la voz carraspeando en busca del tono adecuado. Ninguno de los dos se atrevía a reírse o lamentarse. El editor le propuso hacer una campaña masiva a través de sus mensajerías, invertir en un espectacular, ofrecer un ejemplar gratis para cada persona que acudiese acompañada de diez amistades más. Llegaron a acuerdos para no cancelar el evento (no el concierto de Shakira). ¿Y mi libro?, inquirió Gerry viendo llegar a su editor sonriente, pero con las manos vacías. Por la circulación, créeme que no llegara a tiempo. Por eso traje una portada de cartón que exhibiremos de frente en la mesa de presentación. El público se preguntará si es real o simulado, pero en las fotos del evento, nadie lo notará”, agregó abrazando a Gerry. 

Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores. 

*Escritora, guionista y académica de la UAEM  

Hélène BLOCQUAUX