
SIGNO
“¿Es gratis?” Brisa volteó. Más que asombro, el hombre que la estaba interpelando detonaba perplejidad; sin embargo, permaneció ahí como segundo en la fila iniciada por la mujer, quien contestó que estar no generaba costo. La primavera se asomaba de manera anticipada en este mes de febrero que se califica popularmente de loco, seguido por marzo y su otro poco. El termómetro mostraba cinco grados más, comparado con la semana anterior, razón por la cual Brisa llevaba puesto su sombrero. Dos curiosos más se colocaron detrás del hombre, cuyo nombre, se sabrá después, pero desde aquí se revela era Ulises. Al cabo de unos minutos más, se acercó un puño más de gentío esperando como los demás. Una chica llegó corriendo para ver si aún alcanzaba lugar en la fila que ya contaba con unos veinte integrantes. Preguntó, por si no fuera obvia la respuesta, quién era el último, a lo que el hombre de gafas azules contestó que era él. Impaciente, la chica lanzó al aire la pregunta en boca de todos, es decir: ¿a qué hora abren? Brisa se sorprendió al ver de qué forma la fila se había alargado en tan poco tiempo. Les pidió a todos agacharse un poco de manera que todos cupieran en la foto. “¿Es muy famosa la artista? Se parece un poco a Ángela N. pero no creo que sea ella porque he leído en mi Insta que es muy sangrona”. Un hombre de edad media, difícil de describir por su parecido a tantos más, se coló en la fila, provocando descontento alrededor suyo. Una persona se acercó a atestiguar el hecho con los demás, antes de tomar su lugar al final. Brisa hizo una llamada que los más cercanos a ella intentaron en vano escuchar. Al colgar, estaba tan contenta que empezó a bailar al son de la música del grupo de rock barcelonés El último de la fila. Sin excepción, todos se pusieron a bailar. La fila se duplicó o incluso puede ser que se haya triplicado. Brisa ya no lograba sacar más selfies con ella en primer plano, así que se dedicó por varios minutos a consultar sus emails profesionales. La integrante más joven les pidió dinero a las dos personas más próximas porque de seguro no le iba a alcanzar. Una de ellas la regañó, repitiendo que, hasta donde ella sabía, no tenía costo. La música paró, aunque los más alejados seguían meneándose, esperando otra pieza para llenar la espera con acción de preferencia divertida. Un señor de edad avanzada se aventuró a preguntar qué estaba sucediendo, pero alguien le propinó una señal de callarse porque podía empezar en cualquier momento y no se lo quería perder. El señor decidió ir a formarse pese a que su turno iba a ser realmente tardío, puesto que la fila daba ya la vuelta a la manzana. Algunos elementos de la policía se acercaron para indagar el motivo de la fila. Como el interrogado se negó a contestar le intimaron alejarse por un momento para hacerle más preguntas. Al poco tiempo, una señora se acercó para reclamar que estaban ocupando el lugar que ella tenía apalabrado para su puesto de esquites, así que les pidió cooperación a todos; algunos no accedieron y recibieron una sarta de palabras altisonantes a cambio. Al colmo de la aburrición, un vendedor de globos, también formado empezó a inflar los que tenía de remanente de San Valentín en su bolsa. Como los vendió, pidió apartar su lugar para ir a comprar unos más en el supermercado. Su lugar fue inmediatamente vendido por alguien de la fila alternativa en espera de ganarse un poco de tiempo de espera puesto que tenía una cita programada más adelante. Sin previo aviso para los demás, pendientes de su actuar, Brisa se fue con su novio quien había por fin llegado por ella para ir juntos a los festejos del año lunar del Caballo de fuego.
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.
*Escritora, guionista y académica de la UAEM

