

Concentración
¿Es posible olvidar a su pareja en la tiendita de la gasolinera, retomar la autopista durante cuatrocientos kilómetros y percatarse de pronto que la señora acompañante y eventual copiloto no se encuentra sentada junto al conductor? Esta fue la pregunta que se hicieron un sinnúmero de personas que se enteraron del suceso, al parecer no aislado.
Yo soy Gregorio y esto es lo que sucedió. Eran las doce del día, mi esposa y yo salíamos de vacaciones rumbo a la playa en mi vehículo. Escuchamos mi playlist de jazz latino, comimos botanas no saludables y tomamos un par de cervezas. Me detuve a cargar gasolina mientras ella iba a la tienda a comprar agua mineral o cacahuates, no escuché bien lo que dijo antes de bajarse del coche. Se acabó mi playlist, le pregunté a Maritza si quería escuchar el noticiero de las 4 p.m. No me contestó. Volteé a verla para pedirle otra cerveza. El asiento estaba vacío. Su celular me mandó al buzón de voz. Entonces, le llamé a la policía para levantar el reporte de desaparición misteriosa o de robo; no supe cómo calificar el hecho. Estoy seguro que el oficial no me creyó.
Mi nombre es el comandante Juárez. Recibí una llamada del Sr. Gregorio Antino a eso de las 4 p.m. El hombre hablaba de manera confusa diciendo que su esposa había desaparecido de su asiento junto con bolsa de mano. Me aseguró que no la habían abducido los extraterrestres y que tampoco se había fugado con su amante a lo que le contesté que tenían que pasar veinticuatro horas para levantar una alerta Amber. Se impacientó cuando le pregunté si se habían peleado recientemente. “Mari es una mujer muy callada”, me dijo.
Soy Maritza Olivar, ex cantante de ópera, esposa del señor que me dejó abandonada en la tienda de la autopista. Salí al baño y luego a comprar un sándwich y un café porque salimos a carretera sin desayunar. Gregorio sabe que yo antes de tomar café no me siento bien y me puedo despistar. Llevamos de casados más de veinte años, pero él no me escucha jamás. Vive en su propia burbuja. Al momento de estar hablando con usted señorita, dudo que se haya percatado de mi ausencia. Hasta abrir la cajuela del coche y ver que hay dos maletas es cuando reaccionará. No le voy a contestar el celular. Él tiene que regresar por mí, punto. ¿A qué hora dijo que se va a transmitir mi entrevista señorita? Ah, muy bien, él siempre escucha el radio a las 6 p.m.
Los comentarios que recibió la estación de radio a partir de las 6:30 p.m. fueron muy diversos. Aquí reproduzco algunos de muestra:

– Gregorio, mejor no regreses por tu esposa, nunca te lo perdonará y lo pagarás el resto de tu vida.
– Maritza, divórciate.
– Hermana, espérame, voy por ti. Nos iremos de vacaciones a las islas Canarias.
Después de la radiodifusión de la entrevista de Maritza, sucedieron efectos colaterales en las áreas de descanso de las autopistas del país. Cuando encontraban a personas solas, les preguntaban si viajaban solas o acompañadas.
Pese a las llamadas de los periodistas, Gregorio nunca aceptó una entrevista y sigue alegando que esta historia es puro cuento, como suceden muchos en redes sociales.
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.
*Escritora, guionista y académica de la UAEM

