Flechazo

Nunca más supieron el uno del otro. La vida los obligó a separarse de tajo como si no se hubiera interpuesto un destino momentáneo entre ellos. Lo abrupto de este final suena tal melodrama romántico en el que, por situaciones a toda vista externas, los amantes se separaron sin muerte de por medio. No estamos en una obra de teatro de Shakespeare, relatando los amores imposibles de Romeo y Julieta, o en Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand, asistiendo a la declaración confesión del protagonista minutos antes de (alerta spoiler) de su fallecimiento.

Bueno, depende también de quién cuente la historia haciendo hincapié en las razones que llevaron a la pareja a experimentar un desenlace contrario al happy end. Conviene por consiguiente conocer todas las versiones existentes en torno a la historia de Patty y Tony.

Empecemos con la de Patty: conocí a Tony en la fila para votar en las elecciones presidenciales pasadas. Estábamos formados desde dos horas o tal vez un poco más. Perdí la noción del tiempo. La fila parecía no avanzar. Él se volteó bruscamente. La verdad, yo me quedé deslumbrada a primera vista por su sonrisa generosa. Las palabras que siguieron lo fueron también. No me pregunten cómo, pero nos vimos de pronto envueltos en una conversación apasionante sobre el cambio climático. Por cierto, ninguno de los dos portaba sombrero o gorra. A lo mejor, nos estábamos insolando. Noté que no llevaba argolla matrimonial. Soltero empedernido o divorciado, elucubré. Fuimos a comer después de cumplir con nuestro mandato ciudadano, luego a cenar y terminamos en mi casa, olvidándonos de la copa de vino tinto que le había prometido. El no regresó a su casa sino hasta la mañana siguiente.

Veamos ahora la versión de Tony: el día de la elección quedó marcado en mi memoria, ese día voté porque Patty fuera parte de mi vida. ¡Qué personalidad tan magnética posee esta mujer! Me sentí atraído irresistiblemente hacía ella. Nos enamoramos. Terminé otorgándole mi voto al candidato opuesto. Le incumbe la situación a Cupido.

No diré quién relata la tercera versión. esa mañana recordé que mi credencial para votar no estaba actualizada, así que después de pelearme con mi esposo, decidí quedarme en casa y ver, fuera de cualquier culpa, las dos temporadas de Public enemy. Ojalá se animen a producir la temporada tres porque no soporto quedarme con el cliffhanger como desenlace. Mi esposo no llegó a dormir a casa por nuestra pelea, pensé. No era la primera vez. Me dormí temprano. Al día siguiente, él llegó, no oliendo a alcohol sino a perfume de aromas femeninos.

Mientras tanto, el celular de Tony seguía recibiendo mensajes de Viva aerobús respecto de un vuelo de México a Houston. No sabemos si el pasajero que no fue destinatario de estos avisos habrá abordado el avión, pero este cierre lo podemos dejar pendiente para otra aventura sentimental.

Segunda alerta de spoiler. Me avisan de última hora que no andaba tan errática hablando de abordar un avión, porque quien tomó la decisión repentina de volar a una ciudad más al norte donde los migrantes suelen ahora regresar más que entrar, para alcanzar a Susan, una mujer que contactó a la distancia mientras Patty iba por su termo de agua a su coche el día de la elección, fue Tony.

Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.

*Escritora, guionista y académica de la UAEM

Hélène BLOCQUAUX