

CRÍTICA
¡Ya empezó la tercera intervención francesa en México! Bueno, eso es cierto si me apego a los acérrimos comentarios de algunos críticos que aquí no se reproducirán por compasión. Esta invasión es cinematográfica, encabezada por Jacques Audiard y su acólito guionista Thomas Bidegain armados hasta los dientes con su película para invadir el territorio nacional por ocupación de butacas en las salas de cine.
La pantalla se quedó en blanco un momento, no me refiero a la pantalla grande frente a la cual me encontraba sentada cómodamente unas horas antes, sino la de mi computadora. Recordaba los diálogos rítmicos musicalizados que me habían gustado tanto, escenas esenciales entre Rita y Emilia. Los acentos de las actrices carentes de la mexicanidad requerida para integrar el casting de tan importante obra, perdieron su importancia frente a su talento actoral.
Si esperaban encontrar a un personaje protagónico plano, un tema desgastado por haber sido examinado en todas sus vertientes, un género clásico de película (o sea no una tragicomedia musical), unas escenas predictibles, a lo mejor tuvieron que haber comprado un boleto para otra película, porque en esta tienen que saber que los papeles interpretados por hombres son menores casi insignificantes. A lo mejor la propuesta de Emilia Pérez con su ONG Lucecita suena utópica frente al maremoto de violencia, o será que un México sin su número diario de muertos no se puede ni siquiera concebir intelectualmente. Esto sí que sería una historia dramática que nadie quiere escuchar y mucho menos ver en pantalla.
Bueno, les dejo un momento para pensar acerca del asunto mientras me voy a preparar un té de canela. Antes existían intermedios en las funciones de cine para ir a saborear un helado o platicar con los demás espectadores. Desconozco el porqué de la desaparición de este momento, pero sospecho tiene cierta relación con algo llamado productividad.
Estoy de vuelta con mi taza humeante, mirando el teclado antes de continuar a comentarles sobre esta película.

Antes de entrar a la sala, hablé con un amigo mío confesándole que estaba preparada a salir decepcionada de los creadores de Emilia Pérez, quienes contaban con toda mi admiración por su inmensa trayectoria creativa. Me encontraba entonces influenciada por haber leído tantos artículos que destruían con bombas y otros artefactos propios de los conflictos a la película que apenas se estrenó hoy 23 de enero en los cines comerciales. Cito los más virulentos que me encontré hasta ahora: “Darle un premio a este guion es como darle una estrella Michelin a una sopa instantánea”, “¿Audiard se habrá apoyado con ChatGTP? “Esta película tiene todos los ingredientes para un buen estofado woke” y otras más para echar más leña al fuego que atacan directamente al país y a sus habitantes con calificativos racistas.
Me quedo, en lo personal, con una duda: ¿todos aquellos críticos sí vieron la cinta completa durante las escasas funciones que se ofrecieron antes de su estreno?
Afortunadamente, el brillantísimo Guillermo del Toro, cuya opinión dio un vuelco de 180 grados, saliendo en defensa de la película más nominada al Óscar 2025, merecedora de la estatuilla a Mejor Guion en los Premios Lumière. La cinta no solo compitió por la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2024, sino que se llevó el Premio del Jurado y el premio a Mejor Actriz, este último otorgado de forma grupal a Karla Sofía Gascón, Zoe Saldaña, Selena Gomez y Adriana Paz.
Alabada en Francia, pero abucheada en México, esta historia no puede terminar así por bien de las relaciones diplomáticas franco mexicanas. Nadie quiere otro Sarkozysazo ni pelea territorial por la isla de la pasión (Clipperton); ya bastante trabajo hay con las pretensiones, ahora acciones, Trumpistas, así que se anula cualquier mención.
Ahora sí se acabó mi té de canela y quiero terminar citando a Audiard: “El cine no da respuestas, solo hace preguntas.”
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.
*Escritora, guionista y académica de la UAEM


