

HECHIZO
Érase una vez, o mejor dicho en este relato érase más de una vez, una mujer llamada Magda que solía extraviar sus borradores de historias, no porque fuera una persona desordenada, sino que las ideas surgían en los momentos más insólitos del día o de la noche. Resultaría incluso interesante enlistar aquellos momentos o los lugares en los que ocurrían dichos sucesos. Las primeras palabras de Hechizo podían encontrarse tanto en medio de las hojas de la carpeta ubicada en la mesa de su cocina como en el cuaderno que siempre ocupaba el mayor espacio en su bolso, a menos que resultara ubicarse en la banqueta trasera del taxi que la llevó de regreso a casa el día anterior.
Magda sacó un pedazo de tarta de ciruela envuelto en papel aluminio del refrigerador y preparó a continuación un capuchino para acompañarlo. El primer bocado la remitió instantáneamente a su elaboración en casa de Elías. Saboreaba de uno a uno los ingredientes que habían absorbido las ciruelas durante su tiempo de cocción, recordando su voz musical: ¿te parece si le agregamos un toque de jengibre? Volvía a sentir con una precisión casi luminosa el perfume que se dispersaba entonces por toda la planta baja de su casa. Mientras, amasaba la pasta con una paciencia que ella misma desconocida, envuelta en una nube de sabores, sobre una mesa de madera oscura tan parecida a la de su abuela que de pronto no estaba tan segura de su edad actual. Tardó en terminar la porción del postre empezado a degustar el día anterior. Ahora sí le iba a creer a Marcel Proust y a la violencia de sus recuerdos sensoriales narrados en su obra monumental En busca del tiempo perdido.
Por su parte, Elías había despertado esta mañana con un antojo incontrolable de terminar la tarta de ciruela envuelta en otro pedazo de papel aluminio. Preparó un té de hierbas pensando en qué otra receta podría preparar con Madga en la siguiente ocasión.

Cuando Madga descubrió el paradero de su borrador (si lo había abandonado en el taxi o bien el texto se había desprendido de manera inexplicable de su libreta; para el caso, la resolución carecía de real importancia). Lo significativo es que permaneció en su versión final el título de Hechizo, aunque cambió sustancialmente la estructura hasta convertirse en una receta de cocina que aquí se transcribe de la manera más fidedigna posible:
Esta receta de la tarta de ciruela no tiene precedente porque su elaboración implica la participación de dos personas. Son varias las etapas. La primera consiste en ir juntos a la tienda por los ingredientes que aún faltan (de ser el caso). De otra forma, uno de los dos puede empezar a preparar la masa al gusto, es decir la cantidad de mantequilla que considere adecuada mientras que el otro se dedicará a cortar las ciruelas en porciones, ponerlas en una sartén junto con azúcar y otros condimentos que resalten su sabor. Ya vertida la mezcla en la masa acomodada en un molde para hornear, es importante recordar que existen variaciones según la altura de la ciudad en la que radican, los caprichos del horno eléctrico, la calidad de los ingredientes, los hábitos de cocinar de los reposteros, sin olvidar los sentimientos que comuniquen a la masa y a la preparación de las ciruelas. Finalmente, se sugiere degustar con una copa de vino y dejar que el hechizo opere.
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.
*Escritora, guionista y académica de la UAEM

