

Las mineras que maniobran en México anunciaron en octubre nuevas adquisiciones para agujerear la tierra y extraer oro y plata en nuestro país y otros lugares.
Fresnillo, la empresa minera de la ultra millonaria familia Bailléres, compró hace unas semanas la minera canadiense Probe Gold Inc., por 556 millones de dólares para sacar oro en la provincia de Quebec en Canadá. En el medio minero multinacional, esta transacción es la señal del poder financiero de Peñoles, el consorcio mexicano que sumará esta propiedad a la gigantesca producción que tiene en México, donde cuenta con la mayor cantidad de concesiones mineras, 1.7 millones de hectáreas. Posesión territorial con la que se vende en los mercados financieros. Fresnillo acumuló 1,800 millones de dólares en efectivo hasta junio de este año.
Fresnillo debe a los ejidatarios de El Bajío, ubicado en Caborca, Sonora, 630 millones de dólares por usurpación de sus terrenos y daños ambientales. Esta cifra fue definida en mayo pasado por una evaluación especializada y el Tribunal Agrario No. 28 sentenció a la minera a pagar y remediar el territorio. A la fecha, el gigante minero se mantiene en desacato. Mientras incumple las resoluciones judiciales en México, Fresnillo Plc se proyecta como “motor de internacionalización del capital mexicano”. No podría hacerlo sin la impunidad con la que ha incumplido las resoluciones judiciales durante 11 años.
Los directivos de la canadiense Torex Gold Resources Inc., anunciaron una adquisición, dijeron, estratégica, la empresa Prime Mining Corp. Ahora, Torex tendrá el control completo del proyecto Los Reyes en Sinaloa para extraer oro y plata. En el territorio adquirido hay reservas cuantiosas. Torex Gold maneja las minas El Limón-Guajes y Media Luna en la sierra de Guerrero, se trata de gigantescas horadaciones que han provocado la pérdida y contaminación de agua y la eliminación del ecosistema, pero la canadiense se vende como una minera que se diversifica geográficamente “dentro del mismo país”.
Las canadienses Pinnacle Silver and Gold Corp., y Endeavour Silver consideran que México se mantiene como un país atractivo para la inversión minera. La primera anunció que dinamizará su proyecto de extracción de oro y plata El Potrero, en Durango, es decir, avanzará en la construcción de la mina a cielo abierto. La segunda, empezó la producción comercial de la Terronera, una mina de oro y plata que está en la zona baja de la Sierra Madre en Jalisco, un “rinconcito” del estado que ha superados las expectativas en cuanto a los volúmenes extracción de oro y plata.
El procesamiento minero será de 2000 toneladas diarias de tierra que saldrán de la montaña. Endeavour calcula una producción anual de 4 millones de onzas de plata y 38 mil de oro durante 10 años. La Terronera es una mina subterránea que producirá pasivos ambientales como desmonte de vegetación, acumulación de tierra infértil, drenajes ácidos al subsuelo, uso de millones de litros de agua y construcción de un patio de lixiviación, entre otros. El arranque de la mina favoreció al portafolio financiero de Endeavour, sus acciones crecieron 7.1% en la bolsa de valores de Toronto, su valor más alto en 20 años.

Estos movimientos son el resultado de la profundización de la exploración y la extracción minera en los últimos años en México. Nunca se detuvieron. Las concesiones territoriales les permitieron aumentar su oferta de acciones en las bolsas de valores. Las mineras canadienses y mexicanas prometen buen comportamiento y cumplimiento de la ley frente a la continuidad del extractivismo. Mantienen la promesa de creación de empleos, inversión en infraestructura local y el desarrollo de los pueblos “históricamente marginados”. La experiencia de más de tres décadas de este modelo de extracción de los metales preciosos ha demostrado que no hay minería sustentable ni desarrollo social donde se despoja y destruye la naturaleza.

