En la segunda salida a turistear por Río, nos llevaron a visitar el mercado callejero de Lapa y, de paso, “la escadería de Salerón”, la escalera decorada por el artista chileno/brasileño Jorge Salerón, en la década de los noventa del siglo pasado.

Un diario local afirma que ese espacio sobre la ladera de Lapa, ocupa el tercer lugar más visitado de todo Río de Janeiro, apenas después del Cristo del Corcovado y del Bosque de Tijuca. Estamos hablando de millones de visitantes por año. ¿Pero, qué tiene de particular?

Físicamente, se trata de 215 escalones, con una altura total de 125 metros desde la base, y un ancho cambiante que va de los tres a los cinco metros, con algunas jardineras laterales, entre el caserío de familias de medianos recursos o bien humildes. Ahí no está la gracia, que hay escaleras más grandes y mejor planteadas para subir una ladera, en tantas partes del mundo. La enorme gracia consiste en que su autor (con algunos apoyos casuales), la inició a recubrir con pedacería de azulejos que conseguía con sus propios recursos o que le regalaban, además de los que él mismo elaboraba, escribiendo en ellos aspectos importantes de la historia de la música brasileña contemporánea (MPB).

Todo ese trabajo, está hecho con contrastantes colores rojo, verde y amarillo, y formas de azulejos con pequeñas notas o relatos sobre tales músicos, colocados por todas las caras de las escaleras, y por las irregularidades de sus bardas laterales y jardineras, como sobre los muros de las casas vecinas.

Jorge Salerón había sido un artista plástico, nacido en Chile, viajero por el mundo, frecuentemente de aventón o polizón en barcos, y se mantenía vendiendo las pinturas que elaboraba. Tomó la idea de decorar con azulejos sobre la calle, de una visita al parque Güell en Barcelona. Establecido por convicción en Río de Janeiro, inició a recubrir las escaleras con azulejos coloridos en el año 1994, mismas que ya habían sido pintadas con los colores de la bandera brasileña por los vecinos de Lapa, celebrando el campeonato mundial de Fut.

Salerón murió en el año 2000, inmolado en fuego con thinner, no se sabe si le cumplieron una amenaza de la que se tenía noticia o voluntad propia de realización de un augurio lanzado por él mismo años antes.

Lo cierto es que subir sus escaleras es también un homenaje a la música y a los músicos/as y compositores brasileños/as, y oportunidad para acercarse a la población de una barriada del centro de Río, en la que algunos no recomiendan deambular en solitario.

Para mí, el significado práctico y cultural de este colorido y singular espacio urbano, es que una idea artística, simple y a la vez brillante, materializada por una o más personas, puede llegar a resignificar un espacio, darle un nuevo destino, y en ocasiones, impulsar la economía local, con la atracción de visitantes locales y de otras partes del mundo, quienes quieren experimentar esa sensación de subir, de elevarnos, con lo mejor de Brasil y sus pobladores: la sensacional música que les mueve, nos mueve y conmueve. Al hacerlo, integra a los diversos, amistosamente, en el espacio público, dando lugar a la convivencia, al disfrute colectivo de lo que nos es común: naturaleza o creación humana, intencionada.

 

Foto: Redes sociales

Miguel Á. Izquierdo S.