

Aquí sigo, buscándolo
Martha Domínguez Peres *
Mientras vendía mis tortas afuera de la escuela, revisaba el teléfono a cada rato. Carlos ya tenía que haber llegado. Él vendía huaraches fuera del estado y siempre avisaba cuando venía de regreso. Pasaron las horas y no llegó. Le marqué. La primera llamada entró. Las siguientes ya no. Seguí vendiendo, pero el cuerpo ya no me obedecía igual. Pensé que tal vez se había quedado sin dinero, que a lo mejor se iba a tardar más, que había ido a visitar a un familiar. Cuando terminé de trabajar, me fui a la terminal a preguntar por él. Sin saberlo, ahí comenzó mi búsqueda. Supe que Carlos había sido bajado del autobús en Guadalajara. Con ayuda de mi hermano y de una de mis hijas comencé a buscarlo. Caminamos preguntando por él, fuimos a hospitales y albergues, pegamos carteles con su nombre. Dormimos en la terminal porque no había dinero para otra cosa. En el camino hubo personas que nos ayudaron, y también lugares donde nos corrieron y dijeron que no siguiéramos buscando. Cada vez regresaba a mi casa distinta, cambiada. Ya no podía escuchar música, ya no podía ver la televisión, ya no podía ver una foto de mi hijo sin ponerme a llorar. Me sentía triste y enojada todo el tiempo. Habían pasado dos años con diez meses buscando, regresando como podía a Guadalajara; un día, saliendo de un SEMEFO, llorando, comencé a gritar: “Carlos, ¿dónde más te busco?”. Yo ya estaba cansada de ir y venir, de hacer siempre lo mismo: pegar volantes sola en la terminal, ir sola a la Fiscalía a escuchar la misma respuesta inútil. Una mujer me preguntó si ya conocía a Guadalupe Aguilar. Y yo no sabía quién era. Me dijo que era fundadora de un colectivo de Jalisco, que se reunían ahí mismo al día siguiente. Pues me esperé y conocí a Guadalupe y le conté mi historia. Me escuchó y me dijo que ya había buscado solo demasiado tiempo, que me iban a ayudar a buscar a mi hijo. Las mujeres que estaban ahí se acercaron. Me abrazaron. Lloramos juntas. Empezamos a intercambiar historias. Ahí entendí que no soy la única. Me canalizaron con otras compañeras de mi estado y he aprendido cosas que nunca pensé tener que aprender. Aprendí a nombrar lo que antes no entendía, a preguntar lo que antes me daba miedo preguntar. Empecé a exigir y a señalar omisiones en la investigación. Este noviembre mi hijo cumplió seis años de desaparecido. Ya no me sentí como otros años. No estuve llorándole todo el día. No porque lo haya olvidado, sino porque me sentí fortalecida. He estado buscándolo y él lo sabe. Por eso me sentí diferente. No porque esté olvidando a Carlos, sino porque se ha hecho mucho trabajo. Yo aquí sigo, buscándolo. Soy Marta Domínguez Peres. Busco a mi hijo Carlos René Rojas Domínguez desde noviembre de 2019.

Foto: cortesía de la autora
* Colectivo Voz de los desaparecidos en Puebla. Transcripción Sebastián Eduardo Pineda Ramírez (LC/N)

