

Pena
Me diagnosticaron Virus de Papiloma Humano en octubre del 2024. Regresando del trabajo recibí un mensaje de mi ginecólogo, que mi estudio no había salido del todo bien. Cuando se habla del VPH, muchas personas lo asocian con esas imágenes grotescas de la secundaria, y a la enseñanza de que debes evitar contagiarte a toda costa o te verás así; también enseñan, que si no puedes evitarla quizá estuviste con el chico equivocado. La realidad es más compleja y no a todos nos salen verrugas. Según la OMS hay 200 tipos de VPH, por suerte (y porque mi madre me vacunó de niña) yo tengo uno de los menos agresivos, con probabilidad del 25% de cáncer cervicouterino si no hago chequeos constantes. Por suerte, mi doctor me apoyó sin juicios; por mala suerte su consulta cuesta $1,500. No tengo seguro y, con mi sueldo, pagar el tratamiento es imposible. Tengo apoyo de mi familia quien es la que costea mi medicamento. Ha pasado tiempo y lo escribo con cierta soltura, pero cuando me enteré del diagnóstico sentí que me había equivocado en muchas decisiones de mi vida. Las enfermedades de transmisión sexual se tratan con vergüenza: no tengo la cara para contarle a mi papá que estoy enferma de esto, ni a las personas en sí, pero aquí estoy, contándolo. Me he repetido varías veces que no tengo que estar avergonzada de esta situación; aun así, tenía tanto miedo que el técnico que estuviera a cargo de tomarme la muestra para mi análisis emitiera algún juicio que me hiciera sentir terriblemente apenada. Pienso en esta vergüenza compartida que sentimos las mujeres con el diagnostico de estas enfermedades, con el aborto, con el ser madres solteras, ser madres jóvenes, con el protestar o con el simplemente poner límites en las situaciones cotidianas. Es absurdo que me haya preguntado si es buena idea publicar este texto porque parece que me expongo ante todos los lectores, porque por más que me esfuerzo en no sentir esta pena, la siento y la trato de ocultar. Esa pena está en mi condición histórica. También pienso que, aunque la mayoría de las veces los hombres son los primeros portadores del VPH, no se hacen responsables de realizar diagnósticos con rutina. Ni siquiera saben qué opinar cuando tú sales positiva. ¿Sentirán acaso un poco de la vergüenza que yo cargo? ¿Seguirán su vida como si nada sucediera porque no tienen un cuerpo enfermo? Según la OMS, el VPH provocó 620.000 nuevos casos de cáncer en mujeres y 70.000 en hombres a nivel mundial. Aun así, me siento abrumada al pensar que mientras yo tengo que organizar mi vida alrededor de chequeos, medicamentos costosos y posibles cirugías, muchos hombres ni siquiera saben que son portadores de este virus. No sé en qué bando deberá estar la vergüenza, pero sé que seguro en el mío no.

Imagen cortesía de la autora

