

Hertino Avilés Albavera[1]**
Hablar de soberanía suele generar una sensación de firmeza y de autoridad incuestionable en donde las decisiones son tomadas “por el bien del país”. Es una palabra que se invoca con solemnidad y que en el discurso público parece cerrar cualquier debate, sin embargo, se vuelve necesario detenernos para cuestionarnos ¿de quién es realmente la soberanía?
Jean Bodin, uno de los teóricos clásicos, definía la soberanía como el poder absoluto y perpetuo de la República, para este autor la soberanía era indivisible, superior y no sujeta a otro poder, más adelante, Rousseau complejizaría esta idea al sostener que la soberanía reside en el pueblo, no en los gobernantes, y que su ejercicio solo es legítimo cuando expresa la voluntad general, por lo que se entiende que la soberanía no pertenece al gobierno, sino a la comunidad política que le da origen.
En teoría, esta idea es clara, los conflictos surgen cuando se busca materializarlo, con frecuencia la soberanía se presenta como un atributo del poder político en turno, como una herramienta para decidir sin interferencias externas y a veces, sin demasiadas explicaciones internas. Se utiliza como herramienta para justificar políticas públicas, reformas o decisiones administrativas, incluso cuando estas generan efectos negativos para amplios sectores de la población, en este caso, la soberanía así entendida, deja de ser un principio democrático y se transforma en un argumento de autoridad.
El problema no radica en la soberanía en sí misma, sino en su uso discursivo, cuando se habla de soberanía sin tomar en cuenta a la ciudadanía, se corre el riesgo de vaciar el concepto de su contenido democrático.
En este sentido, la soberanía no puede reducirse a una fórmula retórica ni a una prerrogativa exclusiva del poder. Su sentido democrático depende de que las decisiones públicas se construyan con base en la participación ciudadana.


Juan Jacobo Rousseau. Foto Museo de Motiers
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** Doctor en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos; comisionado presidente del Instituto Morelense de Información Pública y Estadística (IMIPE) y profesor universitario con trayectoria de 30 años. ↑

