

Jonathan Swift pertenece al Olimpo de la literatura, la primera edición de Los Viajes de Gulliver desató su fuerza satírica en 1726, en el contexto de la consolidación del estado moderno, máximo ente político que bajo el influjo de la razón se abría como un espíritu que iluminaba al mundo de una manera nunca antes vista.
Con la finalidad de encontrar una crítica a la vida política sustentada por la literatura, consulté la edición de Gulliver’s Travels de G. Ravenscroft Dennis, publicada por George Bell and Sons en 1905, obra que puede ser considerada una versión estándar del texto del escritor irlandés. Como autor, Swift desentrañó la dimensión más oscura de lo humano: las mentiras, el engaño, la vileza o la megalomanía, desde la profundidad de la vida religiosa de su época. Desde luego, es posible utilizar este arsenal satírico para comprender los perfiles de los protagonistas del medio político mexicano; aunque, en esta ocasión únicamente quiero resaltar la transformación e intercambio entre enanos y gigantes.
Bajo estas condiciones, considero que Lemuel Gulliver es la manifestación más audaz de una sátira política que se configura desde lo más profundo del siglo de las luces, pues a través de este personaje, Jonathan Swift, lleva a su máxima expresión el filo de la crítica en las peripecias de una subjetividad nómada, arrancada de sus goznes y llevada al escenario de lo micro y lo macro, en un juego erudito que se brinda a la salud de Demócrito de Abdera. La lectura que podemos ensayar es distinta a la canónica rigidez con la que se ha considerado como una sátira de los «relatos de viajes de la época», pues considero que en sus líneas se postula un problema ontológico-político.
La riqueza crítica de la obra se desata cuando las posiciones pierden sentido, es decir, cuando la referencia al lugar es móvil y Gulliver experimenta la relatividad de su naturaleza. Parece que Swift conoce de primera mano la teoría clásica del estado y la ataca con fiereza, pues a través de este viaje el yo moderno eurocentrado es ridiculizado, a partir de un cuestionamiento de dos de los elementos principales del estado: la definitividad de un territorio y la referencia básica a una población.
De tal suerte, el planteamiento base de mi interpretación consigna que Gulliver representa la conciencia crítica que se sitúa en diversos escenarios políticos, a pesar de que la razón actúa como elemento que une los diversos momentos, dando unidad al viaje y permitiendo una referencia externa que Swift concede desde la normalidad y la civilización representada por el origen y el retorno de cada uno de sus viajes a la seguridad de Inglaterra.
De esta manera, el territorio puede ser tierra de enanos donde el político vive como un gigante; pero, también una tierra de gigantes donde el político se convierte en un enano. De igual forma, las poblaciones son plásticas, pequeños individuos que fracasan en su intento de control o gigantescos habitantes de un estado desproporcionado. El político mexicano puede serlo todo: un gigante pronto a salvar a un pueblo de enanos a la manera de un mesías o un mísero enano que se pierde en el recuerdo de sus antiguas glorias de gigante.

Como todo buen ilustrado, el elemento transversal al mundo de locura que Swift nos presenta es la razón, se trata de la medida que nos permite dimensionar y poner fin a la sinrazón del viaje de la política, desde esta perspectiva Swift sigue el camino allanado por Calderón de la Barca cien años antes con los siguientes versos:
Sabed si el verme hoy espanta,
que fue mi maestro un sueño que me dice y desengaña
que es una dulce mentira
cuanto en esta vida pasa:
porque cuando desperté,
todo es viento, todo es nada.
Bien como el representante,
que habiendo sido un Monarca,
vuelve a ser esclavo vuestro,
cuando la Comedia acaba;
y humildemente os suplica,
que le perdonéis las faltas.
Nahuatlato, Profesor de Tiempo Completo en el Colegio de Morelos.


Ilustración de Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift de Thomas Morten. meisterdrucke.es

