

El pasado viernes 4 de julio se llevó a cabo una marcha contra el desplazamiento por blanqueamiento o gentrificación en la Ciudad de México, la cual responde y es sintomática de un problema estructural que aqueja a la capital del país: la falta de vivienda social para sus habitantes y la especulación inmobiliaria por parte de un sector económicamente mejor posicionado.
En las últimas décadas, la cuales coinciden con el periodo neoliberal, la Ciudad de México expulsó a las periferias de la capital a una cifra extraordinaria de alrededor de 30 mil familias. Esto debido a los aumentos en los alquileres que se han vuelto inaccesibles para la mayoría de las personas, traduciéndose en una reconfiguración de barrios y colonias enteras en donde el español se ha vuelto en la lengua secundaria mientras que el inglés en el idioma predominante.
Pero hay que señalar que este no es un problema endémico de la Ciudad de México, en Morelos vivimos procesos similares que se han agravado en años recientes. Quizás el ejemplo más notorio y emblemático es Tepoztlán –a quien he dedicado algunas columnas– que ha padecido un notable encarecimiento de la vida de sus pobladores nativos, así como el entorpecimiento de actividades comunitarias que dan sentido al municipio. Este es el más notorio, sin embargo, cada municipio tiene su propio caso, uno de ellos que me ha tocado ser testigo de primera mano es el de Oaxtepec, donde no es que se haya desplazado a la población nativa, no obstante, la proliferación de fraccionamientos ha limitado drásticamente el acceso a recursos básicos como el agua y el encarecimiento de los servicios, con la venia y complicidad con algunas autoridades, –de lo que también he escrito con anterioridad–. Además de ello, hay que mencionar que en nuestro estado la venta indiscriminada de tierras ejidales y altamente productivas para convertirlas en desarrollos inmobiliarios inaccesibles para la mayoría de los morelenses forman parte de esa dinámica de despojo y desplazamiento de las comunidades.
Además de ello también hay que agregar a esta lista de infamias, que algunas políticas públicas que pretendían beneficiar a las comunidades terminaron por acelerar los procesos de gentrificación. El programa de Pueblos Mágicos ha sido otro de los grandes causantes del desplazamiento por blanqueamiento, el encarecimiento de la vida y la especulación inmobiliaria en el país y en Morelos. No puedo sentir más que empatía por aquellos que salieron a las calles a protestar contra la gentrificación, esta es una forma de llamar la atención de las autoridades a tomar cartas en el asunto. Sobre todo, cuando en la actualidad son gobiernos de izquierda quienes están al frente de la administración pública, este es un momento crucial en donde deben fijar una postura clara y actuar en favor de las clases populares que los encumbraron.
No podemos seguir pagando rentras absurdas en lugares donde hemos habitado por años, incluso décadas o tener que desplazarnos a más de dos horas de nuestros sitios de empleo solo porque alguien puede pagar más dinero y en moneda extranjera. Ahora bien, esto no quiere decir que debemos adoptar políticas de expulsión de quienes no sean mexicanos, esa no es la solución. Esta solo se encontrará cuando los gobiernos rompan los pactos con el gran capital y los especuladores inmobiliarios, obligándolos a pagar los impuestos correspondientes, regulando los alquileres y redoblando esfuerzos que permitan que la vivienda deje de ser un lujo y se convierta nuevamente en un derecho, que la vivienda social sea una realidad. No me queda duda de que las autoridades conocen de antemano la problemática, lo que si me es extraño es no conocer a ciencia cierta cuales son las medidas contra ese problema.
La Ciudad de México ya ha puesto el ejemplo, las protestas en las demás entidades del país son el paso a seguir. Esa es la forma de acabar con lo que Viri Ríos ha denominado como un “páramo elitista y excluyente que solo permite la habitabilidad para personas que pueden pagar entre 10 o 23 mil pesos de renta.” https://www.milenio.com/opinion/viri-rios/no-es-normal/la-marcha-contra-la-gentrificacion-fue-por-todos. Como integrante de una generación a la que se le ha negado el acceso a la vivienda, espero formar parte de la siguiente marcha contra la gentrificación en Morelos, porque esto no es únicamente de “echarle ganas” se trata de detener a aquellos que lucran con la vivienda y buscar un futuro cercano mejor.

* Historiador

