El desempeño profesional de los nutriólogos en México se ha caracterizado por una serie de mitos y desprecios hacia los conocimientos de un especialista que intenta prevenir y mejorar la salud de los individuos mediante recomendaciones basadas en una alimentación equilibrada y el uso en ocasiones necesarias de suplementos; lastimosamente la sociedad mexicana ha creado una imagen distorsionada y llena de menosprecio hacia los nutriólogos, partiendo desde la idea de “solo te bajan de peso”, “no saben de ejercicio”, “te matan de hambre”, “es muy caro comer saludable”, entre otras quejas que demeritan la preparación profesional altamente demandante, todo esto se refleja en una sociedad con problemas graves de sobrepeso y obesidad desencadenando en cifras de diabetes e hipertensión, entre otras consecuencias de las misma que deterioran el bienestar de los mexicanos. 

El peso de las redes sociales empeoró la crisis de los nutriólogos, hundiéndolos en la desesperación y la agonía de no ser vistos ni reconocidos a la par de la importancia de un médico anulando cruelmente su importancia y recurriendo a diferentes recursos para sobrevivir económicamente ante la negativa de la población por el respeto a la ciencia; actualmente muchos profesionales se refugian en ventas de suplementos, en procesos estéticos y algunas otras actividades que contradicen su preparación universitaria pero que les permite obtener ingresos económicos. 

En el camino complicado de la nutrición en México crece un nuevo bache que amenaza con eliminar la función humana sustituyéndola por la sabiduría tecnológica y los cálculos exactos; la inteligencia artificial (IA) apareció como una herramienta facilitadora de obtención de información pero que ha ido evolucionando hacia cálculos perfectamente diseñados previo al aprendizaje de la IA logrando realizar procesos eficaces y rápidos ante la respuesta de la aceleración social; sin embargo para muchos profesionales se ha convertido en una terrible pesadilla que garantiza su operacionalización sin gastos humanos, por supuesto abarcando el área de nutrición, realizando dieto cálculo de manera rápida y traduciéndolo en planes de alimentación apegados al cálculo con datos ingresados, resonando la pregunta ¿Para qué queremos nutriólogos? 

Existe algo que la IA no ha logrado descifrar, mucho menos predecir: la mente humana, es el comportamiento el reto para una tecnología que pretende unificar y cuantificar las reacciones humanas ante una sociedad que la ha adoptado como terapeuta proporcionándole algunos datos que no han sido suficientes para su objetivo individual. Es importante recalcar su origen, la mente humana es capaz de generar estos avances por lo que también es posible su dominio y uso inteligente para lo cual, cada profesional debe identificar sus ventajas frente a la IA y verla como herramienta, más no como como competencia ya que negarla u odiarla no la desaparece. 

Frente a la nueva situación tecnológica será preciso rediseñar los planes de estudio universitarios de una carrera que debe recuperar su posición y respeto ante una sociedad  que sufre en su salud a consecuencia de su negación ante la respuesta real: mejorar su alimentación, para lo cual no hay que olvidar una dato vital para el desarrollo de los nutriólogos: ya existe un avance tecnológico que ahorra tiempo realizando cálculos exactos  pero que también -mediante programación del profesional- genera planes de alimentación con horarios, alimentos y gustos individuales de los paciente; entonces, si ya existe algo que realiza el trabajo cualitativo ahorrando tiempo, será preciso entonces re dirigir el conocimiento y tiempo hacia la duda científica sin respuesta: qué hace al ser humano comer o no comer, descifrar y entender el comportamiento formulando una hipótesis del por qué de las acciones positivas y negativas para así ofrecer una consulta donde se escuche al individuo, quitarte la bata, sentarse a su lado y escucharlo. 

Escuchar y descifrar al inconsciente permite generar herramientas que lleven no solo al entendimiento si no también al diseño de acciones realmente eficaces que generen una sensación de cercanía frente al especialista, una vez ganada la confianza mediante oír y entender el discurso, el individuo procederá a resignificar la imagen del nutriólogo para entonces seguir sus consejos y tratamiento, probablemente evitando llegar a extremos de salud en que nos encontramos actualmente. 

Si los nutriólogos comienzan una batalla frente a la IA sosteniendo la idea soberbia de  sólo ellos pueden hacer cálculos a nivel dietario, seguirán hundiéndose en un olvido y desprecio por su existencia, para rescatar la profesión y la salud de una población es necesario retomar las herramientas que la actualidad ofrece y generar una nueva forma de dar consulta, una cercanía humana que permita percibir al individuo no solo como mediciones, más bien identificando su esencia, sus vivencias y las emociones que lo configuran en un ser complejo que ningún algoritmo científico podrá descifrar.

*Psiconutrióloga

Imagen: Cortesía de la autora 
Elsa Azucena Alfaro González