Tengo una vecina que cada año celebra el cumpleaños de su perra chihuahua Lola con una gran fiesta de cumpleaños, es quizá el evento más importante de la cuadra, contrata trabajadores días antes del festejo para colgar decoraciones, poner flores montar inflables, camas de pelotas, brincolín, tumbling y hasta una mini rampa hace las funciones de “resbaladilla” para perros medianos. Cabe aclarar que todas esas atracciones, no son dedicadas a los niños invitados, sino a los perros.

En la celebración siempre hay dos pasteles uno para humanos, y otro para los amigos de Lola, todos ellos son sentados en una mesa aparte donde se parte el pastel especial, una mezcla de harina de avena, huevo, puré de plátano y mantequilla de maní. Al final hay rifa de ropa de perros, juegos, concursos, y una bolsa de dulces para despedir a los invitados con una carnaza que tiene escrito por leyenda, cumpleaños de Lola número x.

La primera vez que vi esto me pareció de lo más extravagante, por no decir entretenido también, y mi morbo no podía con ello, a los invitados de Lola, no los perros sino los humanos, les parecía de lo más normal y mono, y se pasaron la fiesta tomando fotos y haciéndose selfies con sus perros. Todo era tan normal. que mi sorpresa parecía en realidad una rareza, así que la dejé de lado, me sentía sólo en esa manifestación de poco entendimiento, que simplemente opte por rendirme y empecé a disfrutar la fiesta de Lola, vaya qué fiestón. Me la pasé bomba.

Un día mi papá recogió unas cosas de mi departamento y vio a mi vecina, hablando con sus perros, al otro día me dijo tu vecina está re loca, y le dije NO TIENE NI IDEA, que sí, pero que igual él, e igual yo, y todo el mundo, y mientras con nuestra pequeña locura no pasáramos demasiado del jardín que con recato cultivan los demás con cuidado, no le veía gran problema. Por lo menos mi vecina, no era como la de al lado que tiene a sus perros todo el día en la azotea. Y si me dan a elegir, preferiría que ella rescatara a esos perros y les pusiera un tutú o un disfraz de spiderman mientras ellos descansan su hocico en una cama y un techo que los resguarda de la lluvia.

La cosa es que quizá elle piense de mí lo mismo. Yo abro los ojos y prendo música, y solamente la apago cuando estoy por dormir, otros días puedo pasar horas viendo videos de bromas, y me rio como loco a carcajadas para hacerme un poco de compañía, otros días amigos míos músicos vienen a ensayar, y es como un desfile de bichos raros.

En realidad ¿Quién es normal? A mi cada vez me gustan más los locos, gente como mi vecina, que parece sacada de la película Youth de Paolo Sorrentino, me gustaría sentarnos a una mesa todos, junto con un amigo de la preparatoria que decía que se tragaba el sol por las mañanas, preparándose un plato con agua y dejándolo calentar unos minutos al intemperie, y junto con otra amiga que sabía hablar Sindarin, la lengua élfica, y con ese mimo triste que rondaba por el centro de Cuernavaca, y tocar para ellos música, mientras cenamos tapas y bailamos.

Prefiero eso mil veces, a hablar de temas corrientes, del padel, de si alguien está invirtiendo su dinero, de las series que están de moda, del coaching, o de la gente cuerdísima que utiliza su intelecto para restarle a la vida toda pizca de misterio, de imaginación y de locura.

Porque uno pude pasarse el intelecto por la lengua para interpretar la realidad absurda qué es, darle una etiqueta y meterla en un jarrón de mermelada. Y no hay nada que me produzca más pereza que eso.

“Vive en el momento, no juzgues a las personas, no puedes ser libre si juzgas a las personas, ama ahora, se repite, no puedes alejarte de tu corazón, la vida es una paradoja es un espejo de confusión, ama ahora”, Matthew Silver.

Andrés Uribe Carvajal