La presidenta de México Claudia Sheinbaum envió hace unos días una carta hacia la dirigencia y militantes de Morena. El acontecimiento es bastante claro: si tuvo la necesidad de enviar este texto a su propio partido es porque sabe bien que el “descalabre” de Morena puede venir precisamente del abuso de poder, de los amiguismos, del nepotismo; y con ello de la violación de una gran cantidad de derechos, de entre ellos, los laborales, que pueden estar cometiendo sus militantes o allegados de estos en cargos públicos.

Esto no es nuevo, desgraciadamente en México tenemos décadas de antecedentes, con los anteriores partidos, diríase PRIAN para resumir, que cultivaron y cosecharon con raíces bastante fuertes toda una cultura política basada en los favores, en los compadrazgos, en los amiguismos, en el nepotismo y en la impunidad desde cualquier cargo público que implicara alguna cota de poder, por mínima que esta fuera. De manera lamentable esta cultura no se ha erradicado, pues es eso, una cultura, una forma de entender y ejercer el poder que en México se tiene por tradición. O bien, “buscar el hueso”, frase que para ningún mexicano es desconocida. Una cultura bastante enana, improductiva y desafortunada para las instituciones, por cierto.

Todas y todos lo sabemos, pues hay quienes hemos vivido en carne propia el abuso de poder de personas en cargos públicos cuya ignorancia y reducida visión rebasa con creces su capacidad de mando y organización. En ese contexto me parece oportuno, aprovechando el documento que envía la presidenta, discernir y diferenciar entre cuyos miembros en efecto no solo tienen la capacidad de cumplir con los encargos que se les asignan, sino que además tienen un fuerte compromiso con el sector social para el que ha sido creada la institución o cargo que desempeñan. Tengo el honor de contar con amistades del propio partido de Morena, conozco sus convicciones y su entrega ya no solo de servicio, sino de búsqueda e innovación en su ámbito por mejorar el estado de las cosas. Algunas de ellas, desde luego, como consecuencia de la precaria capacidad de administraciones pasadas.

Lo cierto es que no se puede recurrir eternamente a este dicho de “así nos dejaron las cosas”. Ya a estas alturas suena no solo a pretexto, sino a falta de miras y discurso por avanzar.

Independientemente de lo anterior, resulta bastante interesante que esto que sucede sobre asignar a dedazo a ciertas personas para cargos determinados; que, a su vez, por oscuras razones, integran a sus “amiguitos”, parientes, gente cercana, seguramente tendrá un costo político para el partido oficial; y esa es la razón de la carta presidencial (recuérdese el caso del exfutbolista y otros que ocurren en este momento cuya prisa por desbarrancar instituciones es digna de récord Guinness).

Mientras tanto, me parece una acción positiva por parte de la presidenta hacer del conocimiento nacional que estas prácticas son inadmisibles y yo agregaría que hasta cavernarias. Habrá que socializar el documento a todos los niveles para que, quienes siguen atropellando derechos pensando en que nadie se da cuenta, mejor se enteren del pujante y grueso sector social que, siendo incluso militante del mismo partido, exige el verdadero avance. Claro, si lo que se desea es el desarrollo del país a primera línea y en todos los niveles. Ya que podrá estar presente en lo tecnológico y hasta económico, pero si no está en lo social, esa parte medular y donde se reflejaría el progreso, el estancamiento y la mediocridad seguirán siendo lo común.

*Red Mexicana de Mujeres Filósofas/UAM-I.

Alicia Valentina Tolentino Sanjuan