

Cuando los adultos hablan por los adolescentes. Adultocentrismo
El adultocentrismo posiciona a los adultos como centro de poder, de voz y de autoridad sobre los Niños, Niñas y Adolescentes (NNyA), bajo frases como: “aún no entienden”, “ya crecerán” o “los grandes saben lo que les conviene”. Se asume que no tienen la misma capacidad que los adultos para opinar, decidir o participar, y se les reduce a ser únicamente receptores de órdenes y consejos.
Ejemplos de ello:
- Se exige responsabilidad a los adolescentes, pero rara vez se les da voz.
- El adultocentrismo convierte a los jóvenes en oyentes obligados, nunca en protagonistas.
- Escuchar no es ceder: es reconocer que su mirada también construye futuro.
- Se habla siempre por ellos, negándoles el derecho a decidir sobre su propia vida.
Y cuando una persona adolescente no es escuchada, la consecuencia no es menor: se genera desconfianza hacia la autoridad, apatía frente a la vida pública y, en el peor de los casos, una ruptura con la sociedad. Esta práctica social del adultocentrismo afecta directamente varios derechos de los NNyA, reconocidos tanto en la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) como en leyes especiales, tales como:
- Derecho a ser escuchado y tomado en cuenta (artículo 12 de la CDN): en la mayoría de las ocasiones, las opiniones de los NNyA no son valoradas en la familia, la escuela, el sistema de justicia o en la política.
Derecho a la participación: este derecho se ve afectado al limitar la capacidad de intervenir en decisiones que impactan su vida cotidiana y comunitaria.- Derecho a la libertad de expresión: se vulnera este derecho al invalidar su voz bajo la creencia de que los adultos siempre saben más.
- Derecho de identidad y al desarrollo de su autonomía progresiva: el adultocentrismo impide reconocer sus capacidades conforme a su edad y madurez.
- Derecho al esparcimiento, al juego y a la cultura: este derecho se ve afectado cuando se menosprecia su tiempo de descanso o acceso a la cultura, dándole prioridad a las actividades de los adultos.
- Derecho a la igualdad y no discriminación: se vulnera cuando se discrimina por edad, invisibilizando a los NNyA como titulares plenos de derechos.
Por ello, debemos respetar y garantizar estos derechos, a través de mesas de diálogo donde su palabra tenga voz; procedimientos judiciales que no los traten solo como espectadores de su propia vida; escuelas que fomenten la participación activa; y familias que validen sus emociones.
En conclusión, escucharlos no significa darles siempre la razón, sino reconocer que su experiencia importa y que tienen una visión del mundo distinta a la adulta, con un valor propio.

En temas como la educación, la salud mental, la justicia juvenil o incluso las políticas públicas, la participación adolescente no solo es un derecho, también es una oportunidad: la oportunidad de construir instituciones más humanas y más cercanas a quienes deberían servir.
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