

Recordar el natalicio del Generalísimo Morelos, reviste genuina alegría en Cuautla. Cada 30 de septiembre, se dan manifestaciones de júbilo en las calles de la capital histórica del estado, ahí desfilan tropas, marinería y guardias nacionales de las Fuerzas Armadas, alumnos de los planteles educativos y también es particularmente aplaudida la banda de guerra del Ejido de Cuautla. Tomo la licencia personal de compartir que, en más de una ocasión, escuche al valiente y recordado líder cañero Félix Rodríguez Sosa, referir el orgullo que sentían los campesinos cuautlenses, al marchar en la tradicional parada cívico-militar con su impecable contingente.
Como ya se ha mencionado en este espacio, no se puede comprender la identidad de Cuautla sin tener presentes dos momentos fundamentales no solo en la historia morelense sino en la de México: el Sitio de Cuautla y la Revolución del Sur. Con respecto al primero de ellos, fue la expresión más notable del genio militar del General Morelos, pues no en vano el propio Duque de Wellington, pidió estudiar el asedio de Calleja a la entonces apacible y cálida población de Amilpas. Al brillante militar británico, vencedor de Napoleón Bonaparte en Waterloo tres años después, no le pasó por alto que los insurgentes en Cuautla rompieron con el tradicional principio del arte de la guerra que sostiene que plaza sitiada es plaza tomada. El primer cuadro de Cuautla y sus históricos edificios están íntimamente asociados a las cruentas jornadas de lucha entre realistas e insurgentes y es así como las céntricas calles de la localidad llevan en su nomenclatura nombres relacionados con personajes y pasajes de aquella gesta heroica en la lucha por la independencia de México.
Una de las tradicionales arterias cuautlenses, se denomina “Intrépida Barragana” en honor a Juana Barragán, mujer poco recordada, que según se cuenta, se distinguió combatiendo en las fuerzas de Morelos durante el sonado sitio en 1812. La existencia de la Barragana se funde entre la leyenda y el rigor histórico, pues no hay constancias documentales precisas en cuanto a su existencia. A lo anterior se añade la confusión en cuanto a otras Barraganas que lucharon a lo largo de la extensa Revolución de Independencia. Sin embargo, en descargo de la Barragana cuautlense y las otras más, se debe recordar que entre las tropas españolas existió una figura de reminiscencia medieval: la “barraganía”, que fueron aquellas mujeres que voluntariamente acompañaron a los soldados, no solo para alimentarlos y asistirlos en campaña, sino también para fungir como concubinas. Entonces al estallar la contienda en 1810, fue natural que miles de mujeres se unieran como Barraganas a las tropas de ambos bandos. Incluso la barraganía fue una actividad consentida y regulada que se equiparo a la actual unión libre. Se suponía que los soldados casados estaban exentos de la barraganía, pero también hay que tener presente que, en aquellos tiempos aciagos de guerra, no se iba a exigir a los soldados llevar su partida de matrimonio al campo de batalla.
Hoy nuestra memoria histórica tiene una deuda con las Barraganas, que no han tenido el recuerdo y reconocimiento del cual gozan con justicia sus herederas, las Adelitas que pelearon en los Ejércitos Federal y Revolucionarios cien años después. Las figuras de estas mujeres, Barraganas o Adelitas desaparecieron con la profesionalización del ejército tras la Revolución Mexicana y el surgimiento del servicio militar de Intendencia. Hoy como ya se mencionó, no sabemos a ciencia cierta, si la Intrépida Barragana cuautlense realmente existió o si bien, a diferencia de otras heroínas plenamente identificadas, es un personaje de ficción que representa y rinde homenaje a las valientes mujeres anónimas que fueron el sostén en todos los sentidos de los soldados insurgentes.
Hace días, en otra de las pifias que distinguen al alcalde de Cuautla, se develó un monumento en mármol en gran formato a la intrépida Barragana. Desafortunadamente la buena intención de rendir un homenaje a las mujeres insurgentes se ve opacada ante la falta del más elemental rigor histórico que debe de existir al erigir un monumento de tal naturaleza. La mujer representada en la escultura lleva una vestimenta compuesta por una moderna blusa y falda más característica de una mexicana contemporánea que de una Barragana de 1812. De igual manera, lo más notorio, es que la mujer de la escultura está armada con una representación de la carabina 30-30 de las Adelitas, en vez de un fusil de chispa como los que portaron los insurgentes. Cuautla se distingue por su patrimonio escultórico, los monumentos dedicados a los generales Morelos, Zapata y al Niño Artillero son notables, en cambio, está nueva estatua es la penosa excepción y en vez de llamarse la “Intrépida Barragana” debe ser bautizada como la “Intrépida Adelita”
Finalmente, y a propósito de monumentos escultóricos y en un aniversario más del natalicio del Generalísimo Morelos, la efeméride es un recordatorio de la asignatura vergonzosa y pendiente para todos los órdenes de gobierno, de rescatar el “Morelotes”, secuestrado y encapsulado en Cuernavaca por la anarquía y el comercio informal.

*Escritor y cronista morelense.

«La Intrépida Adelita» foto Redes Sociales.

