

(Primera Parte)
La ONU define a la integridad como una relación que se establece entre un todo y sus partes; asimismo, se refiere a una modalidad de la acción que se encuentra de acuerdo a una normatividad. La integridad, vista de esta manera, es un concepto sistemático-normativo. Desde la perspectiva sistemática de la política señala que cada uno de los elementos de un sistema (federación-estados-municipios) se apega estrictamente a una normativa, a su vez, cada uno de esos sistemas se relacionan con otros (normativa internacional), lo que permite una interacción racional entre el todo y sus partes, así como entre las partes y el todo, ya que los «integra» una misma racionalidad, que se constituye en la posibilidad de «conexión» inter partes. Desde una perspectiva crítica, la integridad postulada por organismos internacionales es el envés del proceso de globalización y homogeneización normativa que impone prácticas, estrategias, y modelos de acción en general a escala global, sin importar los regionalismos.
Por su parte, la integridad organizacional se refiere a la capacidad de organizaciones individuales de desarrollar e implementar un marco de actuación que esté en acuerdo con valores bien definidos, que desde la perspectiva crítica son definidos por un modelo internacional empresarial que conlleva una forma básica de comprender los derechos fundamentales, se trata de la hegemonía de un modelo de producción y la naturaleza de la personalidad jurídica. De tal modo, desde el punto de vista municipal la integridad indica la capacidad institucional y sistemática de generar acciones con el mismo código que un todo produce, promueve y acepta (nivel internacional-federal-estatal-sector social y privado). Es por eso que el discurso de la integridad se promueve e impone con mayor fuerza con el respaldo de instituciones internacionales que pretenden determinar y homologar las prácticas de cada uno de los elementos del sistema mundo. De fondo, se puede percibir las líneas generales de un utilitarismo que se plantea como modelo que permitirá producir la mayor felicidad para el mayor número de personas. De tal forma el discurso de la integridad no se preocupa por la «calidad» de las acciones de los integrantes del sistema; sino por la «adecuación» de las acciones de los integrantes de acuerdo a un modelo general/internacional que se impone como hegemónico.
La gobernanza, por su parte, se refiere a la composición plural de los procesos de toma de decisiones, sobre todo, en la ejecución y en la evaluación de los asuntos públicos. La gobernanza se impone como un modelo sistemático que toma en cuenta los actores clásicos del sistema político, así como a la sociedad civil y en general a los elementos que se encuentran en el ambiente. Desde una perspectiva de la política real, podemos decir que es un modelo de gobierno basado en la cooperación de los diversos actores políticos (incluyendo a la sociedad civil) en los procesos que deciden el rumbo de los asuntos públicos.
Una vez más, la gobernanza es un síntoma de adaptación de los sistemas políticos que contempla la necesidad de interacción con la sociedad civil y el ambiente en el que se desarrollan, en este sentido implica apertura y transformación, lo cual nos lleva una vez más a los principios establecidos por la teoría de sistemas. Podríamos afirmar que la gobernanza es la actualización del concepto clásico de gobernabilidad que señala la capacidad institucional y de generar acciones que den solución a las problemáticas reales de un sistema. Este modelo básico la gobernanza habrá de poner énfasis en la pluralidad de elementos que determinan la producción de respuestas ante las amenazas, problemáticas y peticiones que dinamizan al sistema. De tal forma, la gobernanza implica también un crecimiento de la sociedad civil, una mayor conciencia de sus condiciones, lo que la orilla a asumir y exigir mayores responsabilidades en la construcción de su propio entorno de vida.
Integridad y gobernanza son dos elementos fundamentales para la vida de los 2477 municipios mexicanos, pues al ser el orden de gobierno más cercano a la gente actúan como catalizadores de la voluntad de los ciudadanos y como puente interinstitucional que actualiza las directrices nacionales a un nivel que es plenamente perceptible para la gente.

*Nahuatlato, profesor de tiempo completo en El Colegio de Morelos.

