

Por dos años he intentado hacer frente a la ofensiva discursiva antinmigrante global. Hay una producción acelerada de fronteras y de segregación respecto a quién tiene derecho a moverse a través de ellas, esta producción ha sido disfrazada de humanitarismo migratorio. El primer texto que publiqué en La Jornada Morelos fue el 31 de octubre de 2023 con la intención de vaciar notas con otro tono. Hoy la agenda antiinmigrante es explícita, pero también invisible. La medición permite el control dice Foucault. Lo que se dice humano regula y aunque se han podido hacer críticas y reflexiones a este sistema, hay una incapacidad inflexiva: de cambio de dirección de la tendencia o de ofrecimiento de una alternativa. Aquí algunas notas sobre el humanitarismo migratorio, salpicado de frustraciones individuales y colectivas a más de dos años de la columna.
Discurso y estructura componen un doble juego, los discursos producen estructuras y las estructuras producen discursos. Estoy casi seguro de que ambos están interpelados, que en el discurso hay estructura y que en la estructura hay discurso, pero tambaleo. La incapacidad de inflexión es estructural e intelectual, los hacedores de política pública suelen estudiar en Washington, suelen ser hombres blancos, con sueldos que rebasan la multiplicación de mi salario. El nexo entre tecnología, estrategia geopolítica y seguridad de las políticas es cada vez más estrecho. Pero quienes dan cuenta de ello llegan tarde.
El humanitarismo migratorio juega el papel que el Estado-nación ha olvidado o que desea olvidar. Antes del Estado han existido religiones, emerge la idea del “buen samaritano”, ayudar a la otredad y ser sensible frente lo que nos permitimos ser compasivas. Organizaciones humanitarias se reorganizan y juegan papeles complejos, entre la financiación y el apoyo del día a día. No es intención de este texto criticar esos haceres, lo que sí es intencional es observar que el Estado olvida su papel de brindar derechos y delega a otros sus responsabilidades, y que no existen quién brinde otra alternativa a ello.
Pero no descubramos que el agua moja. No se trata de mi situación individual, sino de quienes dan cuenta de las estructuras y discursos que permiten un mundo cada vez más militarizado, autoritario, racista, heteropatriarcal. No hemos ofrecido una alternativa, ni estructural o infraestructural, ni discursiva. Cuando hablo de una primera persona del plural me refiero a esos otros que no están de acuerdo con la forma en la que el poder está produciendo fronteras. Academia, organizaciones civiles, intelectuales, poetas, políticos, activistas y todo ser sintiente o pensante que considere injusta la segregación fronteriza: de clase, de raza, de género, espacial, entre otras.
La era del humanitarismo migratorio ha permitido un complejo juego entre quienes miden, qué es lo que miden y los que cuentan y qué es lo que cuentan. Esta era inicia cerca de los años noventa cuando se despliega un aparato internacional de cooperación que delega a otros actores acciones como el apoyo o la violencia.
Pero se parte de otra lógica, mientras la razón humanitaria suele entenderse desde el naturalismo, es decir, que considera poseedores de derechos a todo ser humano. El Estado brinda derechos sólo a sus ciudadanos. El choque es enorme, porque produce impunidad y esto es “ausencia o presencia según conveniencia” de ciertos actores. Se debe tener cuidado ante cuantiosas afirmaciones, porque incluso ese naturalismo no es universal, en la práctica se selecciona a esas otredades que serán llamadas humanas. Se decide quién merece ser tratado como humano.

La incapacidad de cambiar el rumbo es parte de un proceso, no es mi intención cambiarlo todo o dar cuenta de todo, sólo dejo un garabato de mi proceso. Habrá errores garrafales si leemos a detalle, opiniones reencontradas si volvemos a la edición. Cuando se redacte mis errores de Voltaire, al mismo tiempo se abran corregido. También se han tenido aciertos, notas que han dado la vuelta al mundo o que han permitido abrir espacios.
Estos textos son una trinchera discursiva en esta guerra político-mediática de la inmediatez. Espero perdure. La estructura y el discurso se retroalimentan, hay una contestación frente a los autoritarismos, a la militarización, al racismo. Es un levantamiento por lo menos de pluma.
*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólogo.

