

El próximo domingo 1º de junio las y los mexicanos acudiremos a las urnas por primera vez para elegir a integrantes del Poder Judicial a través del voto directo. Si eso no se llama hacer historia, entonces no entiendo lo que significa “hacer historia”. Para algunos este es un error que pagaremos como nación. Para otros, como yo, creo que debía darse una sacudida a un Poder del Estado Mexicano que permanecía estático y lleno de intereses económicos y políticos. Los encargados de “hacer y procurar justicia” terminaron generando un sistema de impunidad, de privilegios, de injusticia que debe acabar. Por todos los lugares de nuestro gran país es ya un clamor.
Hay dos razones fundamentales por los que llego este momento en la historia de México. En mi opinión, sé que estoy por decir una verdad que muchos negaran, se conjuntaron dos factores: circunstancia y realidad. Empiezo con los factores circunstanciales de los que se ocupara principalmente esta columna.
Primero, arriba a la Presidencia de la Republica Andrés Manuel López Obrador quien no tenía ningún Ministro afín en la Suprema Corte. AMLO, nunca entro en el sistema de cuotas partidistas, que predominó en el régimen del PRIAN. Los cargos en el Poder Judicial y en todos los órganos autónomos, incluido el INE, eran repartidos en base a un sistema de cuotas partidistas en el que participaba la izquierda representada por el PRD. Magistrados y Ministros eran repartidos entre las principales fuerzas políticas y siempre había quien hiciera favores en el Poder Judicial a los políticos impulsores de sus carreras judiciales. Es de reconocer, por cierto, que en la mayoría de las ocasiones el conocimiento legal y la carrera judicial de los beneficiados existía, pero también sus vínculos con sus impulsores eran innegables. Entonces ese cuento de que había independencia judicial es una falacia, una mentira. En México nunca ha habido independencia judicial, ni siquiera en la última etapa que data de la Reforma Judicial de Ernesto Zedillo en 1994, donde se trató de fortalecer a este Poder.
La segunda circunstancia a la que me quiero referir es que durante el sexenio pasado se empezaron a hacer grupos con los nombramientos de los nuevos ministros. Desde luego ya con ministros y ministras postulados por AMLO, el pleno de la Suprema Corte se empezó a dividir. Algunos otros, en la más pura tradición se alinearon con el Presidente, y, o desconocieron la paternidad de quienes los llevaron a los cargos; o, desde la Consejería jurídica de la Presidencia -quien se vuelve el intermediario entre los poderes del estado- eran cabildeados para alinearse con el Poder Ejecutivo. El tema se empieza a complicar cuando la reacción de los otrora dueños del Judicial se empieza a manifestar. Los políticos que tenían sus redes tejidas y que estaban acostumbrados al tráfico de influencias empiezan a no tener control en las decisiones judiciales importantes.
Una circunstancia más fue el activismo judicial, varios Ministros se hicieron políticos. Se conoce como activismo judicial a las acciones para ser parte del proceso político. Si bien esto puede hasta ser parte de su responsabilidad cuando entorpece la función jurisdiccional, se estropea la autonomía. En este caso, en el sexenio pasado algunos de ellos aprovechando sus buenas formaciones jurídicas y profesionales se empiezan a hacer indispensables al poder político. El siguiente paso fue que ante vacíos que existieron los empezaron a ocupar y pasaron a formar parte de algún grupo político del nuevo régimen. Insisto, el activismo político judicial llega en un momento hasta ser normal, aquí el peligro es cuando algunos de los integrantes del Judicial se convierten en políticos. El sistema de reparto de cuotas partidistas se sustituyó por uno de cuotas internas del Movimiento de la 4T. El vacío surge porque al Presidente López Obrador al inicio de su gobierno no le interesaba controlar al Judicial, sin embargo, otros grupos de MORENA no pueden presumir lo mismo.
Por cierto, esta situación inicial de no intervención cambio cuando empiezan a frenar con resoluciones judiciales las obras que AMLO considera su legado. Aeropuerto, tren maya, refinerías de Dos Bocas, empiezan a ser bombardeadas con acciones legales y jueces de distintos niveles empiezan a emitir fallos para suspender estas obras. Primero el lobiyng institucional que debía hacer el Ejecutivo; y después el servilismo de algunos empezó a ser factor que motivo la participación política de varios miembros del Poder Judicial en distintos niveles del mismo, desde jueces de distrito pasando por magistraturas y hasta Ministros y Ministras de la SCJN.

La crisis en la Suprema Corte se presenta con la elección del nuevo Presidente, después de un intento reeleccionista que no daba legislativamente pero que podría haber aquietado las agitadas aguas de esa elección. Antes de darse con todo, había un candidato natural que hubiera dado la estabilidad que la Corte Suprema necesitaba ante la imposibilidad de la reelección. Pero, como se dice en argot “lo grillaron” y sin que los mexicanos, sin que el pueblo supiera, la crisis al interior del máximo órgano del Poder Judicial terminó convirtiéndose en una caldera, pero sobre todo en uno de los factores más importantes que impulsaron la reforma.
Lo que vino fue peor. El juego sucio al interior, descartados los dos que podían dar estabilidad, ya no tuvo freno. Si, las mujeres y los hombres de leyes entraron en una lucha política descarnada por el poder donde muchos políticos jugaron y varios poderosos del régimen tomaron partido. Al triunfar la actual Presidenta, ya en franca rebeldía -histórica por cierto para un sistema presidencialista- terminaron por hacer de su enemigo al Presidente argumentando la independencia judicial y el contrapeso constitucional. Habían triunfado los que querían “salvar a la Republica” y perdido los que eran afines al régimen. He aquí, una de las principales razones de la reforma judicial. ¿Qué hubiera pasado si el Ministro Saldívar se reelige? ¿Qué hubiera sucedido si el Ministro Gutiérrez lo dejaban pasar como se anticipaba? ¿Qué hubiera pasado si no se le atraviesan a la Ministra Esquivel los intereses de un grupo? ¿Habría reforma judicial si no hubiera sido Presidenta de la SCJN la Ministra Piña?
Las razones reales, además del cáncer de la impunidad, son muchas. Lo cierto es que se creó un sistema de privilegios, de tráfico de influencias, de compadrazgo, de nepotismo, de políticos llamando a sus amigos que habían impulsado, y desde luego mucha corrupción en varios tramos del sistema. Nadie podrá negar que en esta etapa histórica entre la reforma de Ernesto Zedillo y la reforma de AMLO-Sheinbaum no hubo buenos juristas. Hubo muy buenos jueces, muy inteligentes, muy destacados, profesionales del derecho muy capaces, el problema es que se convirtieron en una casta privilegiada. Varios de ellos desde el origen de su nombramiento sucumbieron ante las redes del poder económico y político. No todas y todos, pero si muchos, muchos.
Queremos entonces encontrar las razones a la reforma judicial, ahí están y esta es la verdad: un sistema en crisis y un activismo político que termino en el desencuentro de la clase política judicial. Sin esos dos factores no habría reforma judicial.
¿Lo que viene será mejor? No lo se. Dependerá de la próxima generación de integrantes del Poder Judicial. Creo que también dependerá del éxito de crear una cultura de elección democrática de este Poder en nuestra sociedad. Perfeccionar esta reforma es necesario, diría yo que es una “imperiosa necesidad” para que cumpla su propósito de legitimación democrática. Por eso, yo SI voy a votar el próximo domingo. Tenemos la oportunidad de que esta generación vuelva a hacer historia. Hagamos todas y todos historia acudiendo el próximo domingo a votar por una nueva integración del Poder Judicial.

