“A lo largo de los siglos, América Latina no solo ha sufrido el despojo del oro y la plata, del salitre y del caucho, del cobre y del petróleo, también ha sufrido la usurpación de la memoría. Desde temprano ha sido condenada a la amnesia por quienes le han impedido ser.

Eduardo Galeano[1]

Hace 13 días, para una gran parte de la población del mundo occidentalizado, dio inicio un nuevo año. El 31 de diciembre marcó el término de 2024 y el día siguiente primero de enero dio pie al comienzo de 2025. En México, nos abrazamos, nos felicitamos y nos deseamos salud, amor y bienestar económico, entre otras muchas cosas. Lo vivido en estos días resulta tan natural que no nos despierta ninguna inquietud o preocupación. Han transcurrido poco más de 500 años de la conquista española, han pasado muchas generaciones desde entonces y la mayor parte de la población mestiza actual hemos construido un lugar identitario en esta sociedad diversa y compleja en la que vivimos. Lugar no exento de conflicto ya que exige la negación de una parte de nuestra identidad cultural, la mesoamericana. ¿De qué negación se trata? se preguntará el lector. Reflexionemos sobre algunos hechos históricos:

En el año 46 a.C. el emperador Julio Cesar introdujo el calendario Juliano que fue creado por el astrónomo Sosígenes. Basado en el ciclo solar se conformaba por 365 días y se agregaba un día cada cuatro años (bisiesto) distribuidos en 12 meses a los que se dio nombres de Dioses y de emperadores, nombres que permanecen hasta la actualidad. El emperador Julio Cesar determinó que el calendario iniciaría con el “año de la reforma” y el primer día sería 1 de Enero (januarius). Este calendario predominó en Europa desde el siglo I a.C. al XVI d.C, cuando el Concilio de Trento determinó adecuar el calendario. En 1582 el papa Gregorio XIII postuló la reforma que fue sustituyendo al anterior durante los siglos XVI a XVIII; se conoce como calendario Gregoriano y es el utilizado en la actualidad, no tiene diferencias sustanciales con el Juliano.

Los estudios prehispánicos reconocen la unidad fundamental de la civilización mesoamericana y como una de sus características culturales principales el cómputo calendárico basado en la combinación de dos calendarios: el solar de 365 días llamado Xiuhtlapohualli (Cuenta de los años) y el ritual denominado Tonalpohualli (Cuenta de los días, signos y destinos) integrado por 260 días.

Antonio Caso en su libro “El Pueblo del Sol” explica que el calendario ritual es muy antiguo, es una invención muy original de la cultura mesoamericana, se ha encontrado que fue usado en los valles de Oaxaca varios siglos antes de la era cristiana. Todos los pueblos de Mesoamérica lo conocían y usaban “desde el Pánuco hasta Nicaragua y desde Sinaloa hasta Yucatán[2]”. Este calendario consiste en nombrar cada uno de los 260 días mediante la combinación de un número de la serie del 1 al 13 y una serie de 20 signos: Lagarto, Viento, Casa, Lagartija, Serpiente, Muerte, Venado, Conejo, Agua, Perro, Mono, Yerba, Caña, Tigre, Águila, Zopilote rey, Temblor (o movimiento), Pedernal, Lluvia y Flor; resultando 20 trecenas y 260 nombres distintos uno para cada día, por ejemplo 1 Lagarto, 2 Viento, 3 Casa, etc. A niños y niñas se les otorgaba el nombre del día de su nacimiento.

Rafael Tena en su texto “El calendario Mexica y la cronografía” describe el calendario mexica Xiuhtlapohualli (cuenta de los años) integrado por 18 meses o veintenas de días que se sucedían en el curso de los años en un orden invariable e ininterrumpido: Atlcahualo, Tlacaxipehualiztli, Tozoztontli, Hueitozoztli, Toxcatl, Etzalcualiztli, Tecuilhuitontli, Hueitecuilhuitl, Tlaxochimaco, Xocotlhuetzi, Ochpaniztli, Teotleco, Tepeihuitl, Quecholli, Panquetzaliztli, Atemoztli, Tititl, Izcalli. Cada uno de estos 18 meses estaba dedicado a celebraciones religiosas especiales[3]. Al final de las 18 veintenas que dan un total de 360 días, se intercalaban 5 días llamados Nemontemi que no pertenecían a ningún mes, pero si recibían el nombre que les correspondía en el calendario ritual. De esta manera se tenía un año de 365 días que correspondía al ciclo solar casi exactamente, la diferencia se corregía cada cuatro años intercalando un día (bisiesto).

El sistema calendárico mesoamericano relaciona constitutivamente los dos calendarios. Los 18 meses de 20 días cada uno del calendario Xiuhtlapohualli i se integra con la secuencia de los 260 días del calendario ritual, de manera que en un año de 365 días cabían los 260 días de un calendario ritual y faltaban 105 días por lo que el año ritual se repetía quedando 155 para el siguiente año y así sucesivamente. Se requieren 52 años de 365 días y 73 años del calendario ritual de 260 días para que se agoten todas las posiciones posibles de un día cualquiera del calendario ritual dentro del Xiuhtlapohualli y viceversa. Al concluir el período de 52 años, conocido como el “ciclo de la rueda calendárica”, se celebraba la muy importante ceremonia del fuego nuevo, ceremonia de renovación total y de mantenimiento del movimiento solar y del tiempo, como tendremos oportunidad de analizar en un artículo próximo.

El sistema calendárico mesoamericano es preciso y complejo, es un sistema de cómputo y también de registro de hechos históricos, mantiene relaciones complejas con las observaciones astronómicas, el ciclo estacional, los ciclos agrícolas y la recurrencia de las festividades. Su elaboración ha implicado la observación astronómica sistemática y minuciosa, así como realizar los ajustes que se han requerido a lo largo de muchos siglos.

Rafael Tena, con su trabajo de investigación, se ha propuesto reconstruir el calendario mexica de los tiempos de la conquista “tal como era” y correlacionarlo con el calendario europeo de la época. En su estudio de manera colateral expresa que existe una “intención manifiesta de no pocos autores antiguos de proponer una conciliación artificial entre ambos calendarios; tales autores no pretendieron reconstruir con fidelidad el calendario mexica, sino, al contrario, eliminarlo como fuente potencial de “supersticiones” y sustituirlo por un calendario híbrido que se acercara lo mas posible al calendario europeo.[4] El Dr. Tena además pretende en su estudio establecer una correlación día a día entre dichos calendarios.

El título y el párrafo inicial de este escrito dejan ver mi preocupación por la naturalización de la imposición de la cultura occidental y la negación de parte de la cultura propia, la mesoamericana. Con este escrito pretendo más que dar alguna información sobre el sistema calendárico mesoamericano poner en evidencia lo extraño que puede parecerle, a una buena parte de la población mexicana, el lenguaje, la estructura lógica y el contenido cultural que se presenta. Podríamos preguntarnos ¿qué tanto nos es ajeno? ¿qué tanto nos damos cuenta de que nos es ajeno?

Pienso que la invasión cultural realizada desde la conquista hasta ahora ha hecho un enorme daño a nuestro país, pero también creo que no es irreversible.

*Académica y expresidenta del Impepac (2014-2020)

  1. Memorias del Fuego. Los nacimientos. Siglo XXI 1982, Pág. 12

  2. Antonio Caso. El Pueblo del Sol. FCE pág 87.

  3. Rafael Tena. El Calendario Mexica y la Cronografía. Anuario de Historia. Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, Pág. 14

  4. Ibid., pág. 14

Ana Isabel León Trueba