Las estrategias del poder político frente a la integridad y compromiso social de las personas: el caso del exrector Alejandro Vera.

Ana Isabel León Trueba*

 

“La manipulación de la opinión pública no se consigue ocultando información, sino estructurando la información, de modo que dé lugar a una realidad conveniente.”

Noam Chomsky y Edward S. Herman (1990)

“la verdad de hecho… se halla siempre en peligro de ser rodeada por los poderes del Estado, cuyos intereses se encuentran con frecuencia en contradicción con la verdad.”

“El resultado de una sustitución coherente y total de la verdad por mentiras, no es que las mentiras sean aceptadas como verdad, sino que el sentido por el cual nos orientamos en el mundo real se destruye.”

Hannah Arendt (1968 y 1996)

“el sistema premia al obsecuente[1] y castiga al Rebelde”

Eduardo Galeano (1998)

Cuando el poder político percibe como una amenaza la honradez y la rectitud de una persona comprometida con el bien común y decidida a denunciar la corrupción, recurre a mecanismos destinados a expulsarla de los espacios de decisión. Se construyen imputaciones, se difunden sospechas y se activa un aparato de desprestigio cuyo objetivo es destruir su reputación. Con ello, el sistema no solo lo separa de la vida pública: lo deshumaniza ante la sociedad, impone una versión deformada de su persona y anula su trayectoria con una narrativa deliberadamente falsa. Este patrón no es abstracto ni eventual; es lo que ocurrió con el Dr. Jesús Alejandro Vera Jiménez. Invito a quien lee estas líneas a reflexionar con seriedad sobre la dimensión de esta injusticia.

¿El Dr. Alejandro Vera es una persona ética?

La ética y la honradez de una persona se reconocen, ante todo, en la coherencia sostenida entre sus principios y sus actos, en la capacidad de decir la verdad incluso cuando tiene un costo, en la manera en que asume la defensa de la dignidad humana y la responsabilidad por el bienestar colectivo antes que, por cualquier beneficio personal, y, sobre todo en la decisión de mantener la integridad aún bajo presiones del poder.

La coherencia ética del Dr. Alejandro Vera se manifiesta en la manera en que convirtió su visión de una universidad socialmente comprometida en acciones concretas durante su rectorado. No se limitó a enunciar principios: impulsó programas de vinculación comunitaria, promovió el trabajo universitario en zonas vulnerables del estado y fortaleció proyectos de investigación orientados a atender problemas sociales reales. Respaldó públicamente a víctimas de violencia, defendió la autonomía universitaria frente a presiones externas y sostuvo un diálogo permanente con colectivos estudiantiles y académicos que demandaban mayor responsabilidad social. Su gestión mostró que la universidad no debía aislarse de la realidad, sino ponerse al servicio de la sociedad. Esa coherencia entre lo que proponía y lo que hacía es una de las marcas más claras de su integridad.

¿El Dr. Alejandro Vera es una persona comprometida con el bien común?

El Dr. Alejandro Vera asumió que la universidad tenía que acompañar a los pueblos de Morelos cuando éstos defendían sus derechos y su territorio. Desde la rectoría abrió espacios de diálogo, llevó equipos académicos a las comunidades y respaldó públicamente sus luchas, incluida la resistencia frente a proyectos mineros como el de Tetlama. En sus informes hablaba de dignidad, participación y defensa del medio ambiente, y sus acciones mostraban que no lo hacía por conveniencia propia, sino por un compromiso real con el bien común.

El Dr. Alejandro Vera asumió con absoluta claridad que la universidad debía estar del lado de las familias de personas desaparecidas. Bajo su rectorado, la UAEM participó directamente en las exhumaciones en las fosas de Tetelcingo y Jojutla, poniendo a disposición de los familiares de las víctimas, peritos y equipos técnicos para que los cuerpos pudieran ser identificados y devolverles nombre y dignidad. Fue un compromiso profundo con la dignidad humana, sostenido frente a presiones y riesgos institucionales.

¿Por qué el poder político se ensañó con el Dr. Alejandro Vera?

Cuando una persona ética ocupa un espacio de autoridad y sostiene con coherencia una postura crítica frente a los abusos del poder, se convierte en alguien profundamente incómodo para los gobiernos autoritarios. Hannah Arendt señala que el poder corrupto necesita, antes que nada, destruir la credibilidad de quienes representan una alternativa moral, porque su sola presencia revela la ilegitimidad del sistema.

En ese sentido, el rector Alejandro Vera encarnaba un tipo de liderazgo que no podía ser cooptado: defendía la autonomía universitaria, acompañaba a los pueblos de Morelos y denunciaba públicamente la manipulación política del presupuesto. Esa combinación —integridad personal, respaldo social y voz crítica— explica por qué el poder político buscó desacreditarlo y aislarlo.

En su discurso del 1 de diciembre de 2017, el Dr. Vera describió con precisión los mecanismos utilizados en su contra: retención deliberada de recursos, campañas de difamación, apertura de múltiples carpetas de investigación, amenazas veladas y presión política sobre la universidad. Estos métodos coinciden con lo que autores como Arendt y Fromm analizan como tácticas de “neutralización moral”: crear sospechas, fabricar culpa, erosionar la reputación y provocar desgaste emocional e institucional. No se ataca solo a la persona; se ataca la posibilidad misma de que una ética distinta tenga un lugar en la esfera pública.

El poder político tenía, además, motivos concretos para intentar destruir la figura del rector. El Dr. Vera había logrado articular una comunidad universitaria crítica, había respaldado a víctimas y familias de desaparecidos, y había denunciado decisiones del gobierno que afectaban derechos colectivos. Su rectorado mostraba que la universidad podía convertirse en un actor social independiente, capaz de cuestionar políticas estatales.

Desde la lógica del poder que Arendt describe, tal autonomía representa una amenaza porque abre espacios de pensamiento y acción que no están bajo control gubernamental. El desprestigio, entonces, se vuelve un mecanismo de defensa del propio sistema.

Por eso el ensañamiento contra el rector no solo fue un exceso del gobierno, sino una estrategia política: despojarlo de legitimidad para desactivar el ejemplo que su liderazgo representaba.

¿Qué podemos hacer como ciudadanos ante esta injusticia?

Ante la situación de injusticia que vive el Dr. Alejandro Vera, la ciudadanía puede y debe ejercer mecanismos legítimos de defensa pública. Informarse de manera completa evitar reproducir una narrativa estatal que puede ser parcial o injusta. Reconocer que las represalias al Dr. Alejandro Vera derivan de su labor en defensa de los derechos de todos, ayudar a situar su caso en el marco de violaciones procesales y uso político del derecho penal. Por ello, corresponde demandar formalmente a la FGR que garantice su libertad inmediata, que el proceso continúe en libertad bajo los principios de presunción de inocencia y debido proceso, y que la resolución se apegue estrictamente al marco constitucional.

  1. Obsecuente: obediente, rendido, sumiso (RAE)

Ana Isabel León Trueba