Aportes de la Cosmovisión Indígena a la construcción de paz en comunidades morelenses.

(Segunda Parte: Comunidad y Comunalidad)

 

“…la base material de la cultura de cualquier pueblo indígena del mundo, … es precisamente la tierra en el sentido más alto de la cosmogonía indígena.”

“(…) Pero la ley, hecha con mentalidad occidental, no entiende de igual manera la comunidad: para ella es la suma de individuos, para nosotros es la Tierra que nos comuna;…”

Floriberto Díaz Gómez

Comunalidad tiene siglos de existencia, por ello, debe entenderse como un movimiento natural a la suficiencia, al bienestar, a ser congruentes con nuestra pertenencia al mundo, no lo contrario.

Jaime Martínez Luna

Es una realidad que las comunidades y pueblos indígenas de nuestro país han resistido por más de 5 siglos la imposición, en muchos casos violenta, de la cultura occidental y su modelo de desarrollo, sobre sus culturas, sus lenguas maternas, sus formas de vida y sus territorios. ¿Cómo lo han logrado?

Para Floriberto Díaz y Jaime Martínez Luna, dirigentes e intelectuales indígenas oaxaqueños, la comunalidad constituye el fundamento que ha permitido la sobrevivencia de los pueblos y comunidades indígenas desde la conquista hasta nuestros días. Ambos construyeron puentes de diálogo entre la cosmovisión indígena —arraigada en la lengua materna, las prácticas y relaciones comunitarias— y la cosmovisión occidental hegemónica. Quien lea estas líneas está invitado a adentrarse y reflexionar en torno al pensamiento indígena plasmado en sus textos.

Lo que aquí expongo es resultado de mi lectura de dos hermosos libros: la compilación de lo escrito por Floriberto Díaz, realizada por Sofía Robles y Rafael Cardoso, publicada en 2007 por la UNAM; y el texto de Jaime Martínez Luna: Existimos luego… pensamos. Apuntes desde la Comunalidad 2017-2021, publicado en 2023 por la Cámara de Diputados.

¿Cómo se concibe la comunidad indígena desde su propia cosmovisión?

Díaz nos explica que en la visión indígena la comunidad tiene elementos fundamentales:

  • “un espacio territorial demarcado y definido por la posesión.
  • Una historia común que circula de boca en boca y de una generación a otra.
  • Una variante de la lengua del pueblo, a partir de la cual identificamos nuestro idioma común.
  • Una organización que define lo político, cultural, social, civil, económico y religioso.
  • Un sistema comunitario, de procuración y administración de justicia.”

Para Floriberto una comunidad indígena no sólo es un conjunto de casas con personas, es el territorio donde las personas realizan acciones de recreación y transformación de la naturaleza mediante el trabajo y establecen “una serie de relaciones, primero entre la gente y el espacio y, en segundo término de las personas entre sí.”

Para estas relaciones existen reglas, formas de organización, principios comunitarios que remiten a aspectos éticos e ideológicos y a las conductas que de éstos se derivan ya sean políticas, sociales, jurídicas, económicas o civiles. Reglas que se han ido definiendo a través de las generaciones.

Existen diferencias importantes con la concepción occidental de comunidad que pone en el centro al individuo quien diseña, controla y se apropia del mundo; Jaime Martínez nos explica que para el pensamiento indígena, “todo ser vivo, o habitante de este mundo, tiene un suelo para el ejercicio de su existencia. Reconocer, que somos seres interdependientes, en ese suelo, nos permite pensar desde un ser colectivo, integral, total.” (Ver Cuadro 1)

¿Qué se entiende por comunalidad?

Nos dice Floriberto Díaz: “Todo pueblo que ha vivido durante varios siglos, desarrolla una filosofía en torno a la vida y a la muerte; respecto a lo conocido y lo desconocido; frente a sí mismo, como un conjunto de seres humanos, y frente a los demás seres que pueblan y habitan la tierra, como la madre común.”

Floriberto y Jaime son los creadores del concepto de Comunalidad. Para el primero ésta expresa principios y verdades universales respecto de la sociedad indígena. Los elementos que la definen son:

  • La tierra como madre y como territorio
  • El consenso en la asamblea para la toma de decisiones
  • El servicio gratuito, como ejercicio de autoridad.
  • El trabajo colectivo, como un acto de recreación.
  • Los ritos y ceremonias, como expresión del Don comunal.

El pensamiento de Jaime es complejo y sencillo a la vez, exige movernos de lugar, mirar y mirarnos desde otro ámbito, por ello decidí compartir con el lector “chispazos” de sus textos en un intento de mostrar lo que es necesario e importante conocer a profundidad.

Para Jaime, Comunalidad no admite una definición precisa. La comunidad “es naturaleza que en su movimiento genera vida, luego pensamiento. Un fruto de esto es lo que llamamos comunalidad” “…no es teoría, es un modo de vida, que tiene una explicación integral en el mundo real, que responde a su contexto, a sus particularidades determinantes de tiempo y espacio”.

Jaime imagina la comunalidad como una casa sostenida por 4 pilares interdependientes e integrales:

El Territorio, que es un todo indivisible que incluye a todos los seres que le habitan, cada territorio genera su propia cultura, su propia sabiduría.

Quien pisa, vive y reproduce ese territorio, la suma de relaciones que establece el ser humano y que van definiendo su cotidianidad.

La organización del trabajo, quien pisa el territorio genera movimiento, las labores están determinadas por el tipo y carácter del suelo que se pisa. En ese movimiento se genera la cultura y los principios que se construyen comunalmente.

La fiesta, todo movimiento genera un resultado. Este contribuye al bienestar de la comunidad, por ello ese resultado se vuelve festivo, porque es cerrar el ciclo de vida que te reproduce.

Para Jaime: “Somos Comunalidad, lo opuesto a la individualidad, somos territorio comunal, no propiedad privada; somos compartencia, no competencia; somos politeísmo, no monoteísmo. Somos intercambio, no negocio; diversidad, no igualdad, aunque a nombre de la igualdad también se nos oprima. Somos interdependientes, no libres. Tenemos autoridades, no monarcas.”

CUADRO 1

Ana Isabel León Trueba