Ya muerto, nadie quería oír hablar de Zapata en gobierno: Gral. Manuel R. Castañeda. 1ª. de 3 partes.

 

Fíjense queridos amigos que, entrevistando a sobrevivientes de la lucha zapatista, coincidieron que incluso décadas después de muerto el Jefe, los zapatistas pasaron duros momentos sin apoyo alguno del gobierno federal por lo que se agruparon de nuevo: Crearon el Frente Zapatista al cual se adhirió la mayoría de sobrevivientes, entre ellos, militares sureños que le dieron gloria a la historia zapatista de México como el general brigadier del Ejército Libertador del Sur, Manuel Reyes Castañeda.

Fíjense queridos amigos que tuve la suerte de asistir hace cerca de cuatro décadas, a la devolución formal de su nombramiento como general brigadier firmado por Emiliano Zapata Salazar. Ese valioso papel, casi destruido, fue restaurado por Elvira Prumeda Gallegos experta en el trabajo de documentos gráficos del INAH delegación Morelos. El resultado fue asombroso.

Menciona don Amado, uno de sus hijos, a quien entrevisté en aquel momento: “Que como era menester que mi padre llevara consigo el documento que le entregó el Jefe, en el INAH décadas después, salvaron ese fino pedazo de manta de algodón en el que mi padre lo envolvió para protegerlo del sudor, la lluvia y de tantas inclemencias”.

Ese día acompañaron al general Reyes Castañeda el resto de sus hijos, además de Amado, testigos de la entrega. Junto al papel-nombramiento, lucían las dos medallas recibidas por el militar zapatista en la década de los cuarenta que brillaban, ya limpias, en su hermosura. Quedaron así ya registrados en esa institución, no solo nombramiento y medallas sino testimonios y fotografías del padre, al que animaron sus hijos a rescatar su invaluable documento.

Tras la ceremonia, en un aparte de la hermosa casona que algunos historiadores europeos llamaban El Olvido y aquí, en Cuernavaca, la conocieron por su nombre El Olindo, refugio que Maximiliano de Habsburgo adquiere a través de ese precioso mito-leyenda de la India Bonita, continua la plática que sostuve con don Amado, acerca de la segunda etapa de la vida de su padre el General Manuel Reyes Castañeda, luego que mataran al Caudillo del Sur. Esto le contó su familia y don Amado, su hijo, a quien esto escribe.

“Entre 1921 y 1939 se restablece la posición tanto social como política de mi padre en su comunidad de Amecameca, Estado de México. Alejado del gobierno, llega a ser tan popular, que varios partidarios del general Juan Andrew Almazán, lo invitan a sumarse a la contienda presidencial del 7 de julio de 1940. Y como Almazán era de filiación zapatista igual que mi padre, éste decide apoyar su candidatura. Entonces, las elecciones las pagaban los mismos postulantes y sus seguidores ya que el gobierno no apoyaba con ningún recurso a los candidatos”.

“Para que saliera triunfador Manuel Ávila Camacho, hubo compra de votos, robo de urnas y violencia en todas las casillas que al parecer contaban con visible mayoría almazanista. Mi padre siempre creyó que la falta de apoyo de Cárdenas fue porque en el fondo pretendía que su sucesor fuera el general Francisco J. Mújica, lo que no sucedió. En medio de ese fraude electoral, a mi padre. los avilacamachistas le proponen que, si abandona su apoyo a las casillas almazanistas y se pasa al otro bando, le serían reconocidos su honroso grado militar y su misma persona, pero la calidad de mi padre como hombre revolucionario, le hizo rechazar la traición aun sabiendo que, de perder su candidato, se quedaría sin un centavo para el sostenimiento de su familia”.

“Y así fue, ya que, al desistir Andrew Almazán de su contienda electoral, todos sus seguidores quedan en total bancarrota. Cabe resaltar que mi padre me comentó que la noche anterior a las elecciones recibieron comunicados de que Almazán ya había salido del país por fuertes presiones. Y de igual forma, sus seguidores, fueron mal vistos por los triunfadores. Eso motivó que, de la noche a la mañana, mis padres, llevándome consigo, salieran del pueblo donde vivíamos y nos trasladáramos a Jojutla, en Morelos, donde un amigo y sobrino de la revolución de nombre Camilo Contreras, que le tenía afecto y respeto a mi padre por su grado zapatista, nos dio alojamiento por un tiempo.

Posteriormente nos dirigimos al poblado de Zacatepec apoyado mi padre por el coronel Zacarías Muñoz, quien lo recomendó para que entrara a trabajar al ingenio ´Emiliano Zapata como velador, pero dada su avanzada edad y al trascender que era general zapatista lo nombraron jefe de celadores del ingenio azucarero. Al cabo de un tiempo hubo un cambio de gerente y al no concordar las nuevas autoridades con los ideales zapatistas, dado el nuevo rumbo que tomó el país, decide mi padre renunciar al puesto para evitar confrontaciones”.

Seguimos el próximo miércoles.

Foto en blanco y negro de una multitud de gente

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Los revolucionarios sureños, a la muerte del Jefe Zapata, fueron ignorados por la Federación pese a que todos ellos agrupados en el Ejército Libertador del Sur le dieron gloria a la historia de México. Foto: gaceta.unam.mx / proporcionada por la autora.

Lya Gutiérrez Quintanilla