

En el inicio de la Miraval, el abuelo que no conocí.
Cada madrugada, lo primero que hago al levantarme es abrir una de las ventanas que dan sobre la gran y preciosa barranca de Amanalco, vocablo que proviene del náhuatl “Amanalli” con varios significados, el que más me gusta es: “lugar cerca del agua”. Respiro hondo y admiro su maravilloso paisaje que desciende desde el Ajusco-Chichinautzin y cruza airoso a lo largo de nuestra ciudad capital. Todos esos despeñaderos en Cuernavaca son los que han propiciado el clima que le ha dado fama mundial a nuestra ciudad, además de ser benéficos para la ecología pues regulan el flujo de agua y el hábitat para la vida silvestre.
Fíjense nada más, al lado de mi hermosa barranca tengo la fortuna de que me han visitado, aunque rara vez, largas y hermosas víboras ratoneras de más de un metro de largo, una de ellas, pasó toda una noche dentro de mi casa o sea anduvo por todas partes y al día siguiente me esperaba junto a la puerta de la cocina para que le abriera y cuando lo hice de lejecitos, elegantemente bajó los tres escalón de regreso a su entorno natural; serpientes de las peligrosas desde niña no he vuelto a ver afortunadamente. Pero me encanta que me visiten mapaches, ardillas, cacomixtles, tlacuaches y ni qué decir de las preciosas aves de todo tipo. Y lo maravilloso de vivir en este lugar se lo debo a un gran abuelo que no conocí. Les cuento.
A principios del siglo XX, el morelense Manuel Gutiérrez Guerrero, militar y abogado que entre otras labores, trabajó dirigiendo el área operativa para que una vez cargados los furgones con el azúcar morelense, nada ni nadie impidiera su paso hacia tres destinos prioritarios: la Cd. de México (de ahí se iba al resto del país) y a los puertos de Acapulco y Veracruz de donde salía en barcos al mundo.
Fue tan productiva la siembra de la caña que Morelos, no México, solo Morelos, es reconocido como uno de los principales productores de azúcar en el mundo desde los tiempos de la Nueva España cuando el capitán Hernán Cortés, trajo de Cuba el cultivo de la caña de azúcar iniciándolo en Cuernavaca. Lo intentó al norte de la ciudad pero donde prendió por el cálido clima fue en el sur del estado. Aún quedan vestigios de esos iniciales trapiches en la ciudad. Y fue tan productiva esa siembra que desde hace cerca de 500 años, Morelos se ha distinguido por su cultivo.
De regreso a mi preciosa Barranca, no dejo de reconocer la visión que tuvo mi abuelo, primero en rentar la única casa levantada en la calle Chamilpa, (verla en la foto), arranque de la colonia Miraval, cuyo dueño el norteamericano Samuel W. Rider, era gerente de la United States and Mexican Trust Co.a principios del siglo XX y cuando supieron mis abuelos que don Samuel se encontraba ya muy enfermo en su casa del viejo San Angel en la CDMX, mi abuelo envió a su joven hijo, -mi padre Alfredo F. Gutiérrez-, a adquirir todo el predio de la calle Chamilpa y más arriba aún.

El Sr. Rider, buen negociante le dijo a mi padre que era muy poco dinero, pero él, mejor negociante que el propietario, le respondió: “Sr. Rider, aunque ya acabó la Revolución, aún hay gavillas asaltando, se lo van a invadir, esto es mejor que nada. Y don Samuel le respondió: “Tiene Ud. razón” y se hizo la compraventa en 1927. Y qué creen, ordenando parte de mi archivo encuentro una copia de la escritura original y al leerla me entero del proceso. Ahí les va. Hubo no hace mucho quienes aseguraban que predios de la Miraval eran comunales. Yo sabía que no era cierto por lo que no me preocupé. Ahora, les comparto la crónica de una gran compra-venta.
El 31 de enero de 1927, ante el Lic. Juan B. del Callejo, Notario Público núm. 54 de la CDMX, comparecieron don Samuel W. Rider, estadounidense, apoderado general de la “Cía. de Mejoras de Cuernavaca S.A.”, y por la otra el Sr. Alfredo F. Gutiérrez, soltero de 21 años con domicilio en ese momento, en la calle Durango esq. con plaza Río de Janeiro.
Sintetizo: Ahí se dijo que la mencionada compañía adquirió del gobierno del estado de Morelos en 1906, el terreno denominado “La Loma de la Cruz”, con los linderos siguientes: al norte con el terreno de Ocotepec; al oriente con la calle Chamilpa, al poniente con la Barranca de Amanalco y al sur el terreno culmina en el puente denominado Porfirio Díaz. Se informó que a partir de ese predio se fraccionó la “Colonia Miraval”. Terreno y propiedad que adquiere mi padre libre de todo gravamen y al corriente de sus contribuciones sin reserva, ni limitación alguna con lo que recibe la propiedad y posesión de dichos lotes, habiéndole pagado previamente mi padre al Sr. Rider la cantidad pedida en pesos Oro nacional.
Cabe resaltar que la “Cía. de Mejoras de Cuernavaca”, la constituyeron los señores Rogelio Le Baron, Samuel Rider como gerente de la United States and Mexican Trust Co., Marshall Miller, E. W. Johnson, D.J.Jeff, Luis G.Crombé, Lic. Manuel Calero y Alfonso Arriaga, compañía que se registó en la CDMX el 15 de nov. de 1906, a través de la cual se planeaba una zona residencial, pero solo alcanzaron a edificar una preciosa casa para Mr. Rider, proyecto que los vientos de la revolución terminó. Desde estas líneas honro y agradezco a mi abuelo y a mi padre el legarlas a la familia. Con esto concluyo esta crónica. Hasta el próximo miércoles.

Imagen tomada desde El Castillito que abarca desde el Puente Porfirio Díaz hasta la casa que el morelense Manuel Gutiérrez mandó a adquirir a su hijo Alfredo F. Gutiérrez, entonces propiedad del estadounidense Samuel W. Rider. Esa casa de la calle Chamilpa I, fue el comienzo de la colonia Miraval, no había nada en torno y lo mejor es que a más de cien años, sigue en la familia Gutiérrez. Del archivo familiar de la autora.

