

Agua y campo, el legado del Ing. César Octavio Ramos Valdés
Esta semana el sector hídrico mexicano perdió a uno de sus más grandes referentes: el Ingeniero César Octavio Ramos Valdés, quien dedicó su vida al desarrollo de la infraestructura hidroagrícola en nuestro país. Su muerte, ocurrida el pasado 27 de julio, deja un profundo vacío entre quienes compartimos con él la vocación por el agua y el compromiso por mejorar las condiciones del campo mexicano.
El Ing. Ramos Valdés fue, durante muchos años, Subdirector General de Infraestructura Hidroagrícola en la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), desde donde impulsó algunos de los programas y proyectos más relevantes para la modernización de los distritos y unidades de riego. Con una visión técnica, pero también profundamente humana, promovió la eficiencia del uso del agua en la agricultura, el fortalecimiento de las asociaciones de usuarios y la conservación de la infraestructura hidroagrícola en condiciones sostenibles.
La infraestructura hidroagrícola es uno de los pilares fundamentales para garantizar la seguridad alimentaria del país. A través de presas, canales, estaciones de bombeo, sistemas de riego tecnificado y redes de distribución, se posibilita el riego de 6.3 millones de hectáreas agrícolas, permitiendo no sólo elevar la productividad del campo mexicano, sino también reducir su vulnerabilidad ante las variaciones climáticas. Sin esta infraestructura, buena parte de la producción agrícola nacional sería inviable.
Además, en un país donde el sector agropecuario representa el 76% del consumo total de agua, mejorar la eficiencia en el uso del recurso hídrico en las zonas de riego no es sólo una necesidad técnica, sino un imperativo ambiental y social. La modernización de los distritos y unidades de riego, la tecnificación de parcelas y el fortalecimiento de los usuarios organizados son estrategias clave para reducir pérdidas, optimizar el aprovechamiento del agua disponible y enfrentar los desafíos del cambio climático. El trabajo del Ing. Ramos Valdés, en este sentido, fue visionario: sentó las bases para una agricultura más resiliente, productiva y sustentable.
Su trayectoria no sólo fue reconocida por sus colegas del sector público con el Premio Nacional de Irrigación “Ing. Abelardo Amaya Brondo” o la membresía emérita en el Colegio de Ingenieros Civiles de México desde 1997, sino también por la academia. El Colegio de Posgraduados de Chapingo, una de las instituciones más prestigiadas en el ámbito agropecuario, le otorgó el Doctorado Honoris Causa, distinción que honra no sólo su legado profesional, sino también su compromiso con la formación de nuevas generaciones de ingenieros y técnicos del agua.

Quienes tuvimos la fortuna de coincidir con él, sabemos que además de ser un gran servidor público, era también un hombre generoso, afable y apasionado por su trabajo. Tenía la capacidad de escuchar, de enseñar con paciencia, y de construir consensos incluso en las situaciones más complejas. Su liderazgo no era autoritario, sino ejemplar.
Hoy lo despedimos con gratitud y respeto. Nos deja enseñanzas, experiencias y un modelo de servicio que sigue siendo necesario en el México actual: uno que entiende el agua no sólo como un recurso, sino como un bien público y un derecho humano, vinculado al bienestar del campo y de las comunidades. Descanse en paz el Ingeniero César Octavio Ramos Valdés.
*Profesor, consultor y gerente general de AQUATOR

