

¿Qué palabras describen al Juan Salgado Brito que conocí? Uno de los conceptos que a él se amolda es DECENTE. No es fácil ser decente en un México donde proliferan los políticos barbajanes, marrulleros, prepotentes, como ese que en el año 2000 le ganó la gubernatura y hoy es huésped de mazmorra víctima de su propia frase: “de mi bragueta para adentro mando yo”. Para donde miremos topamos con políticos que no salen de un escándalo cuando ya se están metiendo en otro; son los de lengua de fuego y larga cola de paja. Y hablando de cola que le pisen, que yo sepa, nuestro aludido y querido Juan no la tuvo.
Decenas de años antes de que se hablara de transparencia en el manejo de de recursos públicos él se asumió ADELANTADO al respecto: día a día, en un tosco pizarrón negro colocado en el patio del palacio municipal la tesorera, por indicaciones de él, anotaba entradas y salidas.
INESTRIDENTE es palabra invento mío, pero así fue él, nunca hizo ruido para llamar la atención. Él, desde muy joven, acaparó la atención con exquisita y sabia oratoria de fondo, no palabrería hueca sino esa que ilustra al oyente. Ni andaba a la caza del micrófono y sabía sentarse atrás, como lo descubrí el sábado 11 de enero de este año cuando presentamos el No. 3 de la revista 17 DE ABRIL en memoria del maestro Jorge Cázares. Solo contábamos que habría versión digital, pero él gestionó recursos para en tres días tener 250 ejemplares impresos a todo color. Esa tarde no hubo presídium y solo habló Jorge Cázares hijo. El doctor Salgado Brito se sentó en la última fila y ni siquiera tomó la palabra. En él no se daba lo protagónico.
MAGNÁNIMO, en su corazón nunca se atrincheró el corrosivo monstruo llamado rencor; magnánimo es antónimo de rencoroso. Prueba de ello soy yo, el que en 1998 le negó apoyo para ser designado gobernador sustituto y años más tarde, magnánimo, accedió a contarme episodios de su vida en el que se incluyen relatos sufrientes, dolorosos. No es común que un político de su talla cuente de dónde vino y que relate heridas o derrotas que ha vivido.
—¿Cómo se llama tu revista? —me preguntó hace un año cuando le pedimos nos acompañara a presentar el No. 1.
—17 DE ABRIL —respondí.

—Fecha trascendente, es la fundación de nuestro estado en 1869 —comentó y volvió a preguntar—, ¿qué día será?
—El 28 de noviembre —informé
—Otra fecha importante, un día como ese se promulgó el Plan de Ayala —respondió sin demora.
Con las anteriores frases el doctor Salgado Brito corroboró lo que tanto repetía: “A Morelos entre más se le conoce, más se le quiere, y entre más se le quiere, mejor se le sirve”.

Juan Salgado Brito. Foto: Archivo

