

“Sendero en tinieblas”, escrito por Alberto Ulloa Bornemann, y publicado hace veintiún años es uno de los dos libros que el pasado noviembre puso en mis manos el líder zapoteco Joel Aquino.
—¿Conoces este libro? ¿Y este, lo has leído?
Él nunca me los recomendó. Ni sugirió que los leyera. Pero me dejó tomarles foto y de inmediato compré el existente en línea, el de Ulloa. Y lo devoré.
No es novela. Es un testimonio cargado de dolor físico y moral, narra su paso por el infierno (Campo Militar No. 1) del que pocos salieron vivos. Infierno del que decenas o cientos no pudieron salir ya sea porque no soportaron la brutal tortura o fueron ejecutados y desaparecidos por la siniestra brigada blanca, brazo ejecutor de la abominable guerra sucia dirigida contra quienes desde la clandestinidad lucharon contra el opresor régimen priista.
En varias páginas aparece Dionisio, uno de los militantes más cercanos al legendario guerrillero Lucio Cabañas Barrientos. Tanto confiaba el comandante Lucio en la capacidad de Dionisio qué, propuesto por él, presidió los debates de la Segunda Asamblea Anual del Partido de los Pobres celebrada el junio de 1973, en la que, en plena sierra, participaron más de doscientas personas.
Confiesa Ulloa que él trataba de emular a Dionisio por ser congruente entre lo que decía y hacía, porque sabía introducirse y ganarse con simpatía y rapidez la buena voluntad de la gente campesina, porque conocía sus costumbres, modos de pensar y sentir, su apego a las cosas del campo, a las armas y a la cacería, porque con incansable actividad articuló, con prudencia, paciencia y eficacia una sólida red de colaboradores campesinos en amplias zonas de los estados de México, Morelos, Puebla y Guerrero.

Por experiencia propia sé que al escribir testimonios de luchadores sociales uno se expone a que lo condenen y lo tachen, por lo menos, de traidor o delator o mentiroso. Eso me pasó allá por 1989 cuando después de varios intentos convencí a don Félix Serdán Nájera de que me permitiera entrevistarlo para el tabloide semanario ¿No que no? que yo dirigía en Jojutla.
—Está bien, pero nada de fotos —me condicionó.
La entrevista, larga e interesante, ocupó ocho páginas completas en dos entregas. Sin fotos. Transcribí literalmente lo que él relató. Pero, oh, sorpresa, tiempo después apareció don Félix en mi oficina, venía enojadísimo. Ni siquiera quiso tomar asiento.
—Usted es policía —me condenó y se fue, aunque hay que decir que después nos reconciliamos.
Eso mismo le pasó a Ulloa Bornemann hace tres años, cuando Dionisio, entrevistado por Luis Hernández Navarro en el programa Cruce de Palabras (YouTube), lo llamó delator. Aunque parece ser que entre Dionisio y Ulloa no hubo reconciliación.
Con todo y que al escribir testimonios de luchadores sociales uno corre el riesgo de ser satanizado, lo seguiré intentando; no hacerlo es dejar que la memoria muera el día que se nos van los protagonistas de gestas libertarias como es el caso de Dionisio, fallecido en Cuautla, Morelos la semana pasada.
De Dionisio no puedo decir que ya descansa en paz, porque él, como me lo dijo don Félix Serdán, son de los que, suponiendo que hay otra vida, allá seguirán luchando por la justicia.

La gobernadora Margarita González Saravia, Juan Salgado Brito (+) quien fuera secretario de Gobierno, y Vicente Estrada Vega Dionisio. Foto: Cortesía

