Hagamos un breve recorrido de la Teología de la Liberación en grata memoria.

En los últimos años se operó un profundo y fecundo redescubrimiento de la caridad como centro de la vida cristiana. El amor es el sustento y la plenitud de la fe, de la entrega a los otros, la fe opera por la caridad. En este sentido la inteligencia de la fe aparece como la inteligencia no de la simple afirmación de verdades, sino de un compromiso, una actitud global, de una postura ante la vida.

En los primeros siglos, la vida cristiana se identificaba con una actitud contemplativa, alejada del mundo. Sus valores eran la paciencia, la pasividad, la resignación, la sujeción al orden establecido por los dominadores.

Esta concepción de los creyentes es precisamente a la que aspiran los dominadores de hoy y de siempre. Un cristiano debe aceptar sumisamente lo que le ordenan y le imponen. Obedecer, resignarse y callar.

Históricamente, la Iglesia Institución ha participado activamente del poder de las clases dominantes. Estructura su propio aparato de poder presentándolo ideológicamente como una prueba de su divinidad. Pero la lucha de clases la atravesó siempre y a lo largo de esa misma historia, hubo sectores que se pusieron decididamente del lado de los oprimidos y a partir de la década de los sesenta surge lo que podríamos llamar el Cristianismo Revolucionario.

La imposición de una Teología europea con esa visión abstracta fue puesta en crisis con las reflexiones nacidas en nuestra América Latina. Así, la óptica de la Teología Latinoamericana es distinta. Es la Teología de la Liberación que pretende ser, en contraste con la Teología académica europea una reflexión articulada desde la praxis y para la praxis. Está más interesada en la crisis misma que se da en la realidad y no tanto en las repercusiones en el sujeto a quien ideológicamente pueda afectar esa crisis. Se habla entonces de la miseria de la realidad y del cautiverio del pecado estructural.

No preocupa tanto que el Hambre de grandes masas haga aparecer al mundo actual como sinsentido, sino lo que preocupa es la misma realidad del Hambre. No se trata entonces de buscar algún esquema interpretativo que brinde sentido a la fe cristiana en un mundo de Hambre, sino de enfrentar a la realidad “Hambre”.

Esta realidad, “Hambre generalizada” es llamada teológicamente PECADO por la Teología de la Liberación lo cual supone ya un modelo interpretativo. Lo típico de esta Teología no está en la elaboración de modelos explicativos sino en la exigencia de transformación de ese Pecado. Los modelos interpretativos cobran relevancia en cuanto surgen de la realidad y apuntan a la superación de la miseria de esa realidad.

Vamos, no se trata de reconciliar el hambre con el sentido de la fe a través del mismo conocimiento teológico. Por el contrario, se pretende que esa reconciliación sea en la realidad fuera de la cual ninguna reconciliación ideal tiene sentido.

La Teología europea se comprende a sí misma como una teología desde el centro geopolítico del mundo. Así, no puede captar la miseria de la realidad. Inconscientemente hace el juego a la sociedad capitalista occidental sirviéndole como soporte ideológico.

Ahora bien, profundicemos un poco. Si el problema de la Teología consiste en dar significado, entonces, espontáneamente se dirige a la Filosofía que puede servirle de mediación concreta a expresiones de significado.

Si el interés es, sin embargo, liberar la realidad de su miseria entonces la atención se dirige hacia las Ciencias Sociales que analizan la miseria concreta de esa realidad, los mecanismos de esa miseria y los posibles modelos concretos de liberación de esa miseria.

Si la Teología se limita a ofrecer un papel explicativo y de significado, ese simple conocimiento deja a la realidad intocada y en ese sentido, se le abandona al statu quo e indirectamente, al menos, se le justifica. El conocimiento teológico no es, nunca, neutral.

Las respuestas a esta pregunta abarcan tanto las consecuencias que resultarían en la sociedad, como los intereses políticoeclesiásticos que están realmente en juego al defender o atacar un problema determinado. Concluyamos, por hoy:

“El proyecto de la Teología de la Liberación implica redescubrir el dinamismo del Evangelio para nuestra situación, en recordar a la Iglesia que tantos y tantos cristianos a lo largo de la Historia han buscado vivir su fe al servicio de los pobres. Interpretar de otra manera el Evangelio, libre de los anteojos burgueses, sacar a la luz las figuras históricas que actuaron en su tiempo como liberadores, desde Moisés hasta Bartolomé de las Casas, desde los padres de la Iglesia hasta Camilo Torres”. (Miguel Concha, Jorge Íñiguez. “Cristianos por la revolución en A. Latina”. Col. 70 No. 148. Grijalbo 1977, p. 139).

Hugo Carbajal Aguilar