(Segunda parte)

 

El sábado anterior me ocupé del proyecto Planet Youth de Islandia, contra las adicciones. Continúo ahora comentando sobre especificidades de la intervención socioeducativa que han diseñado en ese país para el tratamiento de las adicciones entre infantes y adolescentes de Secundarias y Preparatorias.

Para quienes impulsan el proyecto, ante las necesidades de los jóvenes de salir a reuniones con sus pares, la alternativa no es el encierro, la sobrevigilancia, sino el acompañamiento de adultos y del sistema escolar, de salud, con actividades de artes y deportes. Ahora veamos tareas de los padres: establecer compromisos con sus hijos y sus amigos, de apoyo en sus intereses, aceptar sus fiestas, reuniones, pero aquí viene lo rudo para chicas y chicos: llegaron al acuerdo de no alcohol ni drogas en las fiestas, o no hay fiestas. Tras negociaciones intensas, el programa ha avanzado con el consentimiento de adolescentes y jóvenes, más aún, en las fiestas está presente uno o varios adultos, que sin hostigar a festejantes, supervisa que no aparezcan bebidas alcohólicas o drogas, o se acaba la fiesta o reunión. Pero como vimos en la entrega anterior, los jóvenes buscan “alterar la química cerebral”, enfrentar la ansiedad de su crecimiento y desarrollo en las varias esferas, y eso se atiende en gran medida, con las oportunidades de acción deportiva y artística, generadoras de hormonas varias y estimulantes cerebrales naturales que se dan con tales prácticas. La magia es que funciona el modelo, está funcionando, ahí están las evidencias y lean los testimonios.

¿Qué roles tienen las autoridades educativas, de salud, de deporte y de seguridad? Construcción y operación de instalaciones deportivas y centros culturales, donde no las haya, dotación de profesorado para atenderlos, profesionales, con amplios horarios incluso nocturnos y de fines de semana, abrir espacios cerrados con instalaciones que están subutilizadas, alumbrar calles y dotar de servicios de transporte para llegar a tales instalaciones. La Ley de Educación actual mexicana, menciona directa o indirectamente, el derecho de infantes y jóvenes para disfrutar y practicar artes y deportes en todos los niveles y subsistemas, la necesidad de utilizar instalaciones subocupadas, la apertura de servicios y profesorado según necesidades locales. Esto es, hay un marco legal favorable, nos falta organización para emprender un esfuerzo de esta envergadura. Habrá que tomar la iniciativa, exigirlo, con sus adaptaciones respectivas, considerando el brutal clima de violencias que impera en el país.

No he mencionado el rol de los investigadores: participar en el diseño de instrumentos de diagnóstico y de su aplicación, para conseguir evidencias de los indicadores de partida, establecer colectivamente las estrategias de intervención socioeducativa, ocuparse del seguimiento del programa, difundir con autoridades, los aciertos y desaciertos conseguido (dar seguimiento), dialogar con las partes para la mejora del programa, y repetir una y otra vez estas acciones, cíclicamente, cada dos años, pues saben que los logros son de largo plazo, como lo muestra también la gráfica aportada la semana anterior.

El método se basa en el fuerte respaldo comunitario al programa, de acompañamiento de otros actores sociales apoyando a los jóvenes, incentivando su participación; también en el diálogo entre las partes, las negociaciones para respetar los acuerdos y atender las necesidades juveniles, como las medidas correctivas a aplicar. Los operadores del programa advierten que faltando cualquiera de los actores mencionados o uno de los aspectos de su metodología, no fructifica el programa, todos los actores tienen responsabilidades y participaciones para poder lograr los objetivos.

Me atreví a traer aquí a colación el programa islandés, a partir de la indignación colectiva por las miles de desaparecidas y violentadas del país, niñas y jóvenes, varones y chicas, en el convencimiento de que algo debemos hacer, cada miembro de esta sociedad, adulto o no, en especial infantes y jóvenes, para atender tan enorme problemática. Desde las escuelas, desde el hogar, debemos propiciar el diálogo para saber y entender lo que viven nuestros jóvenes y sus amistades, conocerles a fondo, generar confianza para poder acompañarles y coadyuvar para que eviten con conocimiento, situaciones de riesgo.

Supongo que cada lector/a conoce casos de jóvenes y adolescentes de sus familias o vecinos, que han perecido o se han accidentado gravemente, tras recibir la “última copa” en un bar o disco, tras una fiesta o pijamada, con droga especial para dormirles y abusar de ellas o ellos. Lo leo frecuentemente entre mis amistades vía redes sociales. Lo que vive Nuevo León se vive aquí en Morelos y en muchos otros estados, pero se le silencia demasiado, es mayor que lo que datos oficiales publican (cifras negras). De modo que creo que cada quien en su propia comunidad, puede dar pasos para abordar desde diversos ángulos esta brutal problemática que nos llegó a los aparejos.

Quien guste visitar el sitio islandés planetyouth.org, le invito a que lo haga de inmediato para tener referencia directa de sus bondades y características. En el mismo sitio aparece la versión en español y testimonios desde personas de varios países. Quien quiera obtener literatura académica del modelo, sugiero busque así: Milkman, drug abuse, Island, le sobrarán referencias de gran utilidad.

Imagen: caracolenmovimiento.com

Miguel Á. Izquierdo S.