Edgar Castro Zapata: Preservar el legado zapatista

 

La Segunda Guerra Mundial impuso la reconstrucción de los sistemas educativos de la Europa devastada y del resto de países involucrados. México participó junto a 44 países en la Conferencia de la recién formada Organización de Naciones Unidas (ONU) con el propósito de crear un organismo que representara la cultura de la paz. Así fue como el 4 de noviembre de 1946 surgió la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Fue hasta 1972 que la UNESCO estableció la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, y hasta 1978 se inscribieron los primeros sitios de Patrimonio Mundial. En 1992 se estableció el Programa Memoria del Mundo, destinado a proteger y promover el patrimonio documental depositado en bibliotecas y archivos públicos y privados y todo tipo de instituciones y colecciones.

El Programa establece que el acceso incide en la protección, mientras que la preservación asegura el acceso, y que se entiende por documento “un objeto con contenido informativo analógico o digital y el soporte en el que se consigne. Un documento puede preservarse y es, normalmente, un bien mueble. El contenido podrán ser signos o códigos (por ejemplo, texto), imágenes (fijas o en movimiento) y sonidos susceptibles de ser copiados o migrados. El soporte puede tener propiedades estéticas, culturales o técnicas de importancia. La relación entre el contenido y el soporte puede ser desde accesoria hasta esencial.”

“Por su parte, por patrimonio documental se entienden los documentos o grupos de documentos de valor significativo y duradero para una comunidad, una cultura, un país o para la humanidad en general, y cuyo deterioro o pérdida supondrían un empobrecimiento perjudicial. El carácter significativo de este patrimonio puede evidenciarse solamente con el paso del tiempo. El patrimonio documental del mundo tiene una importancia global y es responsabilidad de todos, y debería ser plenamente preservado y protegido para todos, teniendo debidamente en cuenta y reconociendo los hábitos y prácticas culturales. Debería ser accesible para todos y reutilizable de manera permanente y sin obstáculos. Es un medio para entender la historia social, política y colectiva, así como personal, y puede contribuir a constituir la base de la buena gobernanza y el desarrollo sostenible. Para cada Estado, su patrimonio documental refleja su memoria e identidad y contribuye así a determinar su lugar en la comunidad mundial.”

De acuerdo con Memoria del Mundo, el concepto de patrimonio documental incluye, además de manuscritos impresos y otros documentos raros y valiosos que se encuentran en bibliotecas y archivos, aquellos que se encuentran contenidos en cualquier medio o soporte, en particular: documentos audiovisuales, reproducciones digitales y tradiciones orales, cuya importancia varía de región en región.

En este sentido, el espectro de tipo de documentos que conforman el patrimonio documental es muy amplio. En sus directrices generales, el Programa Memoria del Mundo abarca el patrimonio documental a lo largo de toda la historia registrada, desde los rollos de papiro o las tablillas de arcilla hasta las películas, las grabaciones sonoras o los archivos numéricos. Nada queda fuera de él por ser demasiado antiguo o demasiado nuevo.

En Morelos tenemos el privilegio de contar con dos acervos documentales recientemente inscritos en el programa Memoria del Mundo: el de Archivos Compartidos Tres Ríos, y el Archivo histórico de Mateo Emiliano Zapata Pérez, promovidos por el antropólogo visual Adalberto Ríos Szalay, el documentalista más importante del biopatrimonio cultural de México, y por la Fundación Zapata y los Herederos de la Revolución A.C, especialmente por su presidente, el historiador Edgar Castro Zapata, nieto del creador del archivo, y bisnieto de Emiliano Zapata, y autor de diverso libros sobre zapatismo. Del primero ya he escrito en estas páginas.

Hoy me ocupo del segundo. Desde la sede del Archivo en Cuautla, Edgar Castro Zapata, me cuenta que el archivo personal de su abuelo, Mateo Emiliano Zapata Pérez, hijo menor del General Emiliano Zapata Salazar, contiene los registros documentales de 1,308 sobrevivientes zapatistas, así como documentos, testimonios y telegramas inéditos sobre la Revolución del Sur de 1912 a 1919 año del asesinato de Zapata. Esto abre las posibilidades de estudio para comprender que el zapatismo es un movimiento ideológico, político y jurídico que sobrevive por su dimensión social, sostenida en las luchas del pueblo morelense o de otras regiones ante cualquier forma de oprobio. Emiliano Zapata fue el rostro de una lucha que a través del tiempo persiste por la igualdad y la libertad.

“En 1936 se formó la “Unión de Revolucionarios Agraristas del Sur” encabezada por el General Genaro Amezcua, antiguo representante de Zapata en Cuba y por diferencias política con los veteranos surianos en el año de 1940, se conformó el “Frente Zapatista de la República”, en el año de 1971, los representantes en Morelos fueron los hijos sobrevivientes del general Emiliano Zapata Salazar, entre ellos el más sobresaliente fue Mateo Emiliano Zapata Pérez, quien registró en dos libros más de mil doscientos nombres con sus respectivas reseñas biográficas y fotográficas de los excombatientes, revolucionarias, viudas y descendientes zapatistas de los estados de Morelos y Puebla”, me cuenta Edgar, no sin maravillarse del acervo y su carácter invaluable para la memoria de las y los morelenses.

En el archivo también se encuentran los expedientes de las primeras conmemoraciones en memoria del “Caudillo del Sur”, entre los años 1921 a 1924, así como los documentos de la creación del Frente Zapatista de la República en Cuautla, Morelos por Mateo Emiliano Zapata en 1971. Esta agrupación se conformó por los veteranos, veteranas, viudas e hijos del Ejército Libertador del Sur. Como lo refiere Edgar, “entre los documentos más relevantes se encuentran los compañeros más cercanos de Zapata y sus familiares”.

“El acervo- relata Edgar Castro- está constituido con documentación fechados los días 3 de enero, 24 febrero, 13 marzo, 5 y 6 de abril del año 1912, donde se cita: “Extracto: Medidas para extinguir el bandidaje y la causa del cabecilla Emiliano Zapata”, denunciando el tráfico de armas que realiza los comerciantes árabes a favor de la rebelión de Emiliano Zapata en el estado de Morelos; en el mismo contexto, el periódico El País, el día 27 de mayo de 1912, denunció “Prisión de un capitán 1° facultativo que vendía parque a Emiliano Zapata”.”

“Después del asesinato de Zapata, se realizó el reparto de las tierras a los campesinos de Morelos y el régimen político se apropió de la imagen de Zapata para legitimar la política agraria con base a la pacificación del campesinado, con las primeras conmemoraciones luctuosas en memoria del jefe suriano como consta en los expedientes del “segundo y sexto aniversario de la muerte del general Emiliano Zapata” de los años 1921 y 1925.”

Hay en medio de todo ello una historia broncínea, de corporativismos, de rituales y ceremonias que cosificaron al caudillo en bronce, aquél que fue llevado y traído por el priísmo y la demagogia de los discursos vacíos, hasta la paradoja del salinismo con la donación de los títulos primordiales y la estocada burlona de la llamada Reforma agraria que pulverizó el Ejido y dio lugar a la siembra de la especulación inmobiliaria en Morelos, ese obtuso jardín que, a falta de imaginación, alcaldes y gobernadores se empeñan en turismizar, con la ridiculización de la historia en pueblos y festivales mágicos, un efecto de la disneylización de la cultura como mercancía.

En resumen, podemos decir que el archivo se encuentra en perfecto estado de conservación y registra los pasajes desconocidos de la historia de la Revolución zapatista, la posrevolución y la consolidación política y social en el estado de Morelos (1912-1971). Pero el reto es norme, garantizar su conservación y acceso para toda persona que halle un interés en las posibilidades de una memoria viva que recorre las venas de la consciencia social de un pueblo indómito que se resiste a padecer los exceso de cualquier forma de poder.

Hasta ahora ninguna institución cultural estatal, nacional o internacional, pública o privada se ha interesado por coadyuvar a la conservación material de este legado. ¿Dónde está el Estado en sus tres órdenes de gobierno cuando no está en la preservación de la memoria documental?

Deberíamos de hacer algo, colectivamente, en apoyo a esa misión cultural de Edgar Castro Zapata: preservar el legado zapatista. Porque solo la memoria permite avanzar, nunca el olvido

Insisto, si no es verdaderamente cultural, es decir social, colectiva, no será transformación.

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Descripción generada automáticamente

General Francisco Mendoza Palma, (firmante del Plan de Ayala) junto a dos mujeres. Cuautla, Morelos. 1952. Propiedad de la Fundación Zapata y los Herederos de la Revolución A.C / Imagen cortesía del autor

Gustavo Yitzaac Garibay