Si nuestro norte fuera el sur
Cristo Contel*

En días recientes, el Museo Morelense de Arte Contemporáneo (MMAC) recibió la visita inesperada de Luis Ernesto Pedernera Reyna, expresidente del Comité de Derechos del Niño de la ONU y referente internacional en la defensa de la niñez. Su asistencia al Congreso de Morelos fue para dictar una conferencia. Al concluir, preguntó por algún centro cultural que pudiera visitar. Lo dirigieron al MMAC.

Durante nuestro encuentro, le compartí que uno de los ejes curatoriales que estamos construyendo en el museo es el de mirar al sur. Sin dudarlo, Pedernera evocó una frase potente: “Nuestro norte es el sur”. Le pertenece a Joaquín Torres García, artista uruguayo que, en 1935, escribió el manifiesto de la Escuela del Sur y lo acompañó con un mapa de América invertido. El sur arriba. El norte abajo. Pero más que una inversión geográfica, se trataba de un gesto político, cultural y simbólico.

Torres García proponía descolonizar la mirada. Contrarrestar el peso del imperialismo cultural europeo y estadounidense que nos enseñó que lo valioso está afuera, arriba, lejos. Para él, América debía desarrollar un arte propio, con raíces profundas en lo precolombino y lo popular, sin copiar modelos ajenos. Su mapa invertido no es una simple provocación: es una herramienta para pensar un nuevo orden simbólico, desde la dignidad y la autonomía.

En el MMAC queremos caminar ese rumbo. Reconfigurar la dirección desde donde se construyen las ideas, los afectos, las imágenes. ¿Qué pasaría si, al mirar el mundo, partiéramos desde el sur? No como un lugar subalterno, sino como centro de pensamiento, de creación, de futuro. La potencia de América Latina no está solo en sus recursos o su folclor, sino en la capacidad de sus pueblos de resistir y de imaginar.

Esa orientación hacia el sur implica no solo mostrar obra, sino activar el pensamiento crítico. No basta con cambiar las imágenes: hay que cambiar las preguntas. ¿Qué cuerpos aparecen en los museos? ¿Qué narrativas se legitiman? ¿Qué deseos se construyen? Pensar desde el sur es también pensar desde la memoria, desde lo común, desde lo porvenir.

En Morelos, donde ese grito original fue Tierra y Libertad, no se pedía territorio solo para los hombres armados: se pedía libertad para decidir qué sembrar, para crear. El arte, al fin, es semilla. Requiere espacio, un suelo fértil y libertades reales para florecer.

Que el sur nos oriente, el MMAC se levanta no como vitrina, sino como campo de cultivo simbólico. Cada exposición, cada diálogo, es una invitación a repensarnos desde dentro, desde abajo, desde nosotros. Que los museos no solo cuelguen cuadros, sino que tejan sentidos y defiendan territorios, simbólicos y reales.

*Director del MMAC y artista.

Imagen cortesía del autor

La Jornada Morelos