Entre lo incómodo y lo necesario

*María Olivera

La economía del arte contemporáneo ha vivido durante décadas en una especie de clóset discursivo: todos saben que el dinero está ahí, que condiciona decisiones, trayectorias y legitimidades, pero pocos se atreven a hablar de él de forma directa, especialmente cuando se trata de la realidad económica de lxs artistas quienes, como el resto de nosotrxs, tienen una renta por pagar a final de mes. Estas impresiones surgen después de leer el artículo “Sacar del clóset nuestras finanzas: Opacidad y fractura en la economía del arte contemporáneo”, escrito por Carolina Fusilier y publicado en Arte Informado, un texto que pone sobre la mesa una de las contradicciones más persistentes del campo artístico: su vocación crítica frente a su resistencia (o negligencia) para examinar sus propias estructuras económicas.

Es una realidad que hablar de dinero en el arte sigue generando cierta incomodidad. Se teme que la discusión financiera ponga en entredicho realidades incómodas de quienes participamos del circuito artístico, como si tuviéramos que dar por hecho que las cosas son de tal o cual manera y no hubiera lugar para el diálogo con la intención de evitar contaminar la experiencia estética frente a las piezas (o algo así). Quizá es que, quienes nos acercamos al arte –y quienes lo producen– tenemos –tienen– una doble misión por realizar el trabajo, un oficio como cualquier otro, y cuidar aquello inmaterial que amamos: lo que nos produce una pintura, lo que nos inspira una instalación, etcétera, obligándonos a dejar de lado el tema del dinero para no perder el rumbo de nuestros esfuerzos; no obstante, este silencio no cuida al arte sino que genera y replica asimetrías. Dicho de otro modo, la opacidad financiera favorece a quienes ya conocen las reglas no escritas del sistema y excluye a quienes producen, gestionan o participan desde posiciones más vulnerables.

El artículo de Fusilier señala una fractura clave: “¿cómo puede ser que no exista un sindicato que proteja nuestro trabajo? ¿Por qué el salario artístico sigue siendo tan difuso y esquivo?”. En un contexto en donde el discurso artístico presume valores como la transparencia y la crítica institucional, en la práctica muchas de las dinámicas económicas se mantienen cerradas, informales o deliberadamente confusas. Esta normalización de la precariedad se disfraza, a menudo, de “vocación”, “prestigio” u “oportunidad”, perpetuando un modelo insostenible que desgasta especialmente a artistas jóvenes y agentes independientes.

“Sacar del clóset” las finanzas, como propone el texto, implica reconocer que la dimensión económica en el arte es parte constitutiva de la práctica cultural y que el nombrarla permitiría imaginar otros modelos de sostenibilidad, otros criterios de valor y otras formas de relación entre creación, trabajo y capital. Quizá el reto más grande sea asumir que no hay crítica posible sin autocrítica. Mientras el arte siga evitando hablar de dinero, seguirá operando bajo lógicas que contradicen sus propios principios. Abrir esta conversación es incómodo, pero también urgente para decidir colectivamente qué tipo de ecosistema cultural queremos sostener.

No dejen de leer el texto de Carolina Fusilier para seguir colectivizando esta crisis: https://www.arteinformado.com/magazine/n/sacar-del-closet-nuestras-finanzas-opacidad-y-fractura-en-la-economia-del-arte-contemporaneo-7671

* Subdirectora de Investigación del MMAC y crítica de arte.

«The Tribute Money», Tiziano. Imagen cortesía de la autora

La Jornada Morelos