

No poco se ha escrito sobre la presencia de extranjeros notables en Cuernavaca, la relación es abundante e incluso se puede remontar a los Tlatoque, los monarcas mexicas que conquistaron Cuauhnáhuac. Entre las distintas categorías de distinguidos cuernavacenses por elección, destacan aquellos que por motivos políticos se vieron obligados a dejar su patria y hacer de la capital morelense, un inmejorable puerto de abrigo. Refugiados de guerra como los Republicanos españoles cambiaron el panorama de la Eterna Primavera durante el siglo pasado, pero también a ellos, se sumaron, por ejemplo, norteamericanos de izquierda que simplemente fueron en los años álgidos de la Guerra Fría, políticamente incorrectos al norte del Río Bravo. Cuernavaca, sin embargo, se consolidó como un destino plural donde convergieron y convivieron todas las corrientes de pensamiento, y aquí no pudieron faltar, cabezas destronadas de Europa y Oriente Medio, evidentemente y a diferencia de los ya mencionados, de un acentuado talante conservador y ortodoxo.
La Avenida Palmira, al sur de la ciudad, tiene su origen en el rancho del General Lázaro Cárdenas, sitio donde se decidieron momentos importantes del México post revolucionario, tales como la expropiación petrolera. Al final del día, el General Cárdenas, fiel a su estilo, donó la propiedad para una escuela e internado de muchachas normalistas, la cual aún sigue en funcionamiento, no en vano, recientemente se rehabilitó la casa principal del rancho, como un espacio cultural. Con el paso de los años, el camino a la antigua propiedad del general se convirtió en una de las más bonitas avenidas de Cuernavaca y en una exclusiva zona residencial de inmejorable clima y frondosas arboledas.
En Palmira, no solo se alzan magníficas casas a lo largo de la avenida, sino que cuenta con fraccionamientos y bellas privadas. Ahí vivió la Condesa María Aloisi quien, a excepción de los desterrados, eligió Cuernavaca no por razones políticas, sino como su hogar al retirarse Folco su marido, quien fue embajador de Italia en México y Guatemala, del servicio exterior. La Condesa entonces desplegó una incansable labor social en la zona de las minas de arena del Polvorín, misma que aún es recordada y reconocida por propios y extraños. Otra notable residente fue la reina María José de Italia, la también recordada como la “Reina de Mayo”, vivió por décadas en la zona, antes de volver a Europa. Casi al final de la avenida, se encuentra la Privada del Río, donde habitaron dos Jefes de Estado extranjeros, el sátrapa haitiano Jean Claude Duvalier “Baby Doc” y Mohammad Reza Pahleví, emperador de Irán desde 1941 hasta su derrocamiento por la Revolución Islamista en 1979.
A propósito de los acontecimientos que hoy mantienen al mundo vilo, es oportuno recordar a Cuernavaca, no sólo como residencia de distinguidos miembros de la comunidad judía, como recientemente se dio cuenta en este espacio, sino también del último Sha de Persia, quien consideraciones aparte, fue un dique hasta su caída, frente a los peligros del extremismo islamista de los ayatolas, hoy tan cercanos a fabricar armas nucleares.
Tras ser derrocado, el Sha y su familia iniciaron un periplo que los llevó a peregrinar por varios países, lo cual fue complejo, pues acoger a la familia imperial entrañó un grave problema de seguridad. Finalmente, a instancias de Kissinger, el presidente López Portillo le dio asilo en México. El Sha, entonces se decantó por Cuernavaca, en aquel entonces con una calidad de vida que ahora se añora. Se estableció en la Privada del Río, en una mansión aledaña a la de Baby Doc, en junio de 1979. Durante su idílica estancia en Cuernavaca, acompañado siempre de un fuerte dispositivo de seguridad compuesto por iraníes, norteamericanos y miembros del Estado Mayor Presidencial, se dio tiempo para visitar el Racquet Club, Las Mañanitas, Taxco y a atender recepciones en residencias privadas. En octubre de ese año, voló a Estados Unidos para atender la leucemia que lo invadía. Tras una leve mejoría, quiso volver a Cuernavaca, pero las presiones internacionales lo impidieron. Fue entonces cuando el presidente Sadat, tras una escala en Contadora y un fallido intento por establecerse en Mónaco, lo recibió en Egipto, donde finalmente murió el 27 de julio de 1980 y fue enterrado en El Cairo con honores de Jefe de Estado. Su paso por Palmira fue breve, pero sin duda alguna, un marcado referente de Cuernavaca, como aquel paraíso ya perdido, no solo para sus habitantes, sino también para personajes relevantes de la historia del azaroso siglo XX.
Escritor y cronista morelense*

El Sha y la emperatriz Farah Diba en Cuernavaca. Foto: Getty Images.

