José Manuel Meneses Ramírez[1]

Después de un año de trabajo, el seminario de griego clásico en el Colegio de Morelos sigue su marcha orientado por una voluntad de humanismo, se trata de un espacio libre, abiertamente interdisciplinario y comprometido con la creación de conocimiento crítico. Así como dictan los modelos clásicos, en las aulas de nuestro collegium, estudiamos para crecer. Efectivamente, el griego clásico nos permite encontrar diferentes dimensiones a las lenguas modernas, así como tener un acceso profundo a los escritos que son nodales para la tradición occidental; de igual forma, a través de la diacronía de conceptos, comprendemos de una manera más precisa los argumentos de los pensadores que han forjado las ciencias sociales y las humanidades que cultivamos en nuestras universidades y que le dan forma al mundo que conocemos. Como estudiantes de una lengua clásica, vemos hacia el pasado para reencontrar lo mejor de lo humano, sobre todo, ante la desolación de un mundo moderno, desaforado por el afán de lucro, atravesado por la violencia y potenciado por una técnica sin fundamentos éticos.

La proliferación de metodologías en el aprendizaje de lenguas ha cambiado profundamente en los últimos veinticinco años. Ahora, como profesores convivimos con alumnos que exigen el uso de modelos digitales e, incluso, de la Inteligencia Artificial que promete, como una de sus premisas, hacer más fácil todo, incluso, el proceso de enseñanza-aprendizaje. En este escenario de transición, por ningún motivo considero que la formación clásica deba dejarse de lado, por el contrario, mi experiencia docente señala que la enseñanza del griego clásico puede actualizarse a través de una pluralidad metodológica que sepa extraer lo mejor de cada una de las propuestas, ya que nuestro objetivo es ofrecer a nuestros alumnos y a las instituciones del saber un mejor servicio como profesores. Ahora tenemos importantes aplicaciones para testear nuestro conocimiento del idioma, acervos de clases videograbadas, canciones e, incluso, películas, como ayuda para aprender la lengua meta. Sin embargo, como una concesión al modelo clásico, considero que la formación de la mano de un maestro sigue siendo imprescindible, de ahí la importancia del trabajo directo y sin mediaciones. De tal modo, asumo el aula como un templo del conocimiento, bajo la lógica planteada por Protágoras de Abdera, maestro que pensaba que la labor docente franqueada siempre por la disciplina y la promesa terrible, ontológica, implacable del crecimiento real y la transformación a través del estudio: “Joven, he aquí lo que obtendrás si estás junto a mí: cuando hayas pasado un día a mi lado, volverás a tu casa más perfecto, lo mismo al día siguiente, hasta alcanzar la perfección” (…ὦ νεανίσκε, ἔσται τοίνυν σοι, ἐὰν ἐμοὶ συνῆις, ἧι ἂν ἡμέραι ἐμοι συγγένει, ἀπιέναι οἴκαδε βελτίονι γεγόνοτι καὶ ἐν τῆι ὑστεραίαι ταὐτα ταῦτα· καὶ ἑκάστης ἡμέρας ἀεὶ ἐπὶ τὸ βέλτιον ἐπιδιδόναι…) DK.5. Recordemos que, bajo esta tesitura, el maestro de Abdera desarrolló el trivium y el cuadrivium, dos de los grandes elementos pedagógicos de todo el mundo occidental, aunque muchos piensan que la división clásica de las áreas de estudio es obra de Isócrates, Werner Jaeger sostiene también que el verdadero creador es Protágoras.

Si bien, ahora la disciplina ha caído en descrédito, debido a la popularidad de métodos que prometen todo, sin exigir esfuerzo, casi como correlato de una experiencia lúdica que embelesa al estudiante sin exigirle una experiencia de crecimiento y transformación a través del esfuerzo. Desde luego, la metodología de la enseñanza de las lenguas ha cambiado drásticamente en el último siglo, poco a poco la tediosa repetición y la dificultad del aprendizaje centrado en la gramática hacen del idioma objeto del rechazo de muchos estudiantes. Por si fuera poco, la ausencia de material didáctico orientado a la facilitación del proceso de aprendizaje del Griego clásico son una característica de nuestra época y, sobre todo, de los estudios de las lenguas clásicas en nuestro país. Lastimosamente, la disputa entre los antiguos y los modernos se actualiza también en este punto. Mi argumento, esgrimido desde las aulas, es que debemos asumir el reto y llevar la enseñanza del griego más allá, hacia una complementación de los antiguos y los modernos: ellos en nosotros y nosotros en ellos.

Así pues, dentro del Seminario de griego clásico he utilizado algunos elementos de las clases de desarrollo infantil y de procesos del aprendizaje en la etapa infantil, asignaturas que tuve a mi cargo y que me permitieron comprender la necesidad de diseñar herramientas didácticas que faciliten el aprendizaje, es decir, jugar con la posibilidad y saborear la densidad de lo que todos podemos aprender mientras jugamos. En la elaboración de este tipo de herramientas didácticas me he re-encontrado con las actividades que de niño llenaron tantas horas de mi vida: el dibujo, los juegos de memoria, las loterías, crucigramas y maratones. Sobra hacer notar mi inclinación hacia los aportes de la teoría de la Gestalt: los principios de asimilación, cierre, unificación y simplificación han estado presentes en cada una de las intenciones del seminario de griego clásico que dirijo. Después de trece años de enseñanza del griego clásico, digamos que sí, es dado soñar despierto, y este es un sueño que pretende hacerse realidad: convertirse, como profesor, en una herramienta lúdica al servicio de las humanidades (τὸ ὄργανον κατὰ τὴν παιδείαν).

La escuela de Atenas. Rafael Sanzio, 1512. Cortesía del autor

  1. Nahuatlato, Profesor de Tiempo Completo en El Colegio de Morelos.

José Manuel